domingo, 19 de diciembre de 2010

Las canciones "canónicas" (Los acordes mágicos que conducen al Canon de Pachelbel) (actualizado)

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
V: 2010


Juan Gómez Capuz



LAS CANCIONES "CANÓNICAS"
(LOS ACORDES MÁGICOS QUE CONDUCEN AL CANON DE PACHELBEL) (actualizado)


Uno de los asuntos musicales que mayor obsesión despierta en Internet es la búsqueda e identificación de canciones modernas que reproducen la llamada progresión armónica del Canon en re mayor del compositor barroco alemán Johann Pachelbel.

Es fácil encontrar en la Red extensos catálogos de canciones unidas por ese curioso vínculo, a veces inconsciente y otras veces claramente consciente, premeditado y plagiado. Más aún, en ocasiones se han dado casos de denuncias de los autores de una canción a los de otra (como la denuncia de los autores de Uruguay te queremos ver campeón contra la cantautora canaria Rosana y su tema Soñaré ), sin darse cuenta de que existía una ultima ratio, un modelo primigenio que no era otro que el Canon de Pachelbel. También es curioso y paradójico que el Canon sea hoy una pieza archiconocida, presente en todas las antologías de música barroca y en cualquier CD de adagios y música chill-out, en el hilo musical, en los anuncios televisivos, en las bodas y en las bandas sonoras de películas. Pero se trató de una pieza prácticamente olvidada hasta que el director francés Jean-François Paillard y su Orquesta de Cámara la resucitaron a mediados de los años 60 y Karajan la reinventó en una orquestación posromántica que no tenía nada que ver con el sobrio original barroco de tres violines y un bajo continuo (una versión cercana al original aún se puede escuchar, con un clavicordio como bajo continuo, en la versión de I Musici).

Hace poco leí en alguno de los muchos blogs dedicados a esta obra inmortal que quizá el Canon en Re de Pachelbel fue compuesto para una boda, lo cual sería una curiosa premonición si tenemos en cuenta su empleo masivo en las bodas de hoy en día. Más aún se apuntaba que pudo ser compuesto para la boda del hermano mayor de Johann Sebastian Bach, Christoph, lo cual supondría la cuadratura del círculo, pues quizá el divino Bach -gran admirador de la obra organistica de Pachelbel- fuera uno de los pocos que escuchara el Canon en su época.

No es mi intención ofrecer un amplísimo listado de las obras musicales modernas que se basan en la progresión armónica del Canon, pues se trata de una información que, como hemos dicho, es fácilmente accesible en Internet. Lo que sí pretendo es reflexionar sobre la variedad de estilos musicales a los que pertenecen todas esas piezas “modernas” que tanto se “parecen” al Canon: baladas, rock progresivo, hard rock, punk, techno, himnos nacionales, himnos futboleros. Tampoco pretendo entrar en sutiles disquisiciones musicológicas sobre ese parecido, pues escaparían a la comprensión de muchos lectores. Quizá mi condición de mero aficionado a la música con conocimientos bastante simplones me permitiría expresarlo en términos más sencillos: cuando se habla de que una canción “se parece” al Canon de Pachelbel, no se refiere a la melodía sino a la armonía, y más específicamente a la progresión armónica, que sería como un común denominador de melodías muy diversas, como una especie de ADN o código de barras que permite identificar melodías en apariencia muy distintas. A algunos lectores la palabra armonía les sonará a acordes y, efectivamente, una de las pruebas más simples y a la vez efectivas para demostrar que una canción tiene la misma progresión armónica que el Canon de Pachelbel es que podemos cantarla mientras tocamos la misma secuencia de arcordes en una guitarra: en concreto la secuencia de acordes DO-SOL-LAm-MIm-FA-DO-FA-SOL (en algunos blogs aparecen con numeros romanos como I-V-VI-III-IV-I-IV-V, aunque si se trataba de un Canon en Re mayor, quizá esa secuencia de acordes lo que hace es bajar un tono la melodía original y convertirla en una tonalidad de Do mayor). Algunos musicólogos han observado que esta secuencia de acordes o progresión armónica constituye una tendencia natural en la composición, algo así como un “universal musical” o como un equivalente musical del número áureo o divina proporción de la arquitectura.

De las múltiples listas de Internet que mencionan canciones y temas musicales con la misma progresión armónica que el Canon de Pachelbel, me llamó la atención una (www.origenmusic.com/canon-pachelbel2.html) que sitúa como primera “pieza musical moderna” el himno de la Unión Soviética (cuya música vuelve a ser, desde el año 2000, la del himno de la Rusia postsoviética). Efectivamente, si aplicamos la sencilla prueba de los acordes de guitarra citada antes, veremos que encaja perfectamente. Además, es casi seguro de que en este caso se trata de una similitud inconsciente, pues en 1944 nadie conocía el Canon de Pachelbel. Más aún, demuestra algo que iremos corroborando a lo largo de este artículo y que no deja de resultar inquietante: que muchas canciones basadas en el Canon de Pachelbel son himnos o se han convertido en himnos para diversas colectividades (en especial, himnos futboleros). ¿Es posible que esa progresión armónica universal lleve en sus genes la potencialidad de convertirse en himno? Item más: en 1979 un grupo de música disco compuso una canción que en su momento no tuvo especial repercusión, una canción que también fue planteada como un himno, en concreto para la comunidad gay. La canción se llamaba Go West y el grupo Village People: con casi total seguridad, no fueron conscientes del parecido con el Canon, pero la similitud armónica es total, hasta el punto de que es la canción más citada en Internet como “copia” de la progresión armónica del Canon. En 1993 un dúo de música tecno y bailable realizó la cuadratura del círculo: fueron conscientes de la similitud de Go West con el Canon y barruntaron también el parecido armónico con el himno soviético. El resultado fue la versión de Go West que realizaron los Pet Shop Boys, desplazando al principio de la canción las primeras notas del himno soviético (las connotaciones “soviéticas” son muchísimo más claras en el videoclip de la canción) y haciendo resaltar en diversos momentos las similitudes armónicas con el Canon de Pachelbel. Esta versión se convirtió inmediatamente en un éxito mundial. Posteriormente, Go West ha acabado siendo una de las canciones más cantadas en los campos de fútbol, confirmando el extraño destino como himnos de las canciones basadas en el Canon.

Las primeras versiones “deliberadas” del Canon proceden de grupos de finales de los 60, justo en la época en que la propia música clásica redescubrió dicho tema musical con las versiones de Paillard y Karajan. Son bien conocidas la versión del grupo de Vangelis y Demis Roussos, Aphrodite´s Child, llamada Rain and Tears y la curiosa versión góspel de un grupo español llamado Pop Tops en la canción Oh Lord! Why Lord! . Además, ambas mantenían el ambiente barroco del original, con el órgano de Vangelis en el primer caso y con el tono góspel de coral luterano en el segundo. Además del tono barroco, el parecido no es sólo armónico sino también melódico, hasta el punto de que más que ser canciones con la misma progresión armónica se podrían considerar, en términos clásicos, variaciones del Canon, como las que más tarde compuso otro músico progresivo, Brian Eno, en Discreet Music .

En el completo listado titulado “Johann Pachelbel Canon in D major and popular culture” (www.origenmusic.com/canon-pachelbel2.html) se rastrean incluso canciones anteriores a 1968, comenzando precisamente por el ya citado himno soviético. En este sentido, se citan clásicos de grupos de la Invasión Británica como el puente instrumental barroco que George Martin compuso para la inolvidable In my life de The Beatles (1965) [esta similitud se aprecia sobre todo en el arreglo de cuerdas que sustituye al piano/clavicordio en la impagable versión de José Feliciano], el coro de la canción music-hall de The Who titulada Pictures of Lily (1965) y en la baladas corales de los Bee Gees tituladas Spicks and Specks (1966) y  Holiday (1967), aunque yo añadiría también dos pequeñas joyas pop del grupo de Manchester Herman´s Hermits: The End of the World y Listen People . La progresión armónica del Canon, según esta fuente y muchas otras, también alcanza a finales de los 60 y principios de los 70 a géneros tan diversos como la balada de cantautor, reflejada por Streets of London de Ralph McTell, y el glam rock: respecto a este último género, se suelen señalar Changes de David Bowie y sobre todo All the Young Dudes, escrita por Bowie para Mott the Hoople; ahora bien, sin negar que en ambas se aprecia la progresión armónica del Canon, veo con mayor claridad esta influencia en la canción Saturday Gigs de Mott The Hoople, la cual comparte con All the Young Dudes el tempo lento y su carácter de canción-himno, algo muy frecuente en casi todas las canciones que plagian el Canon.

En el periodo 1974-1982 la influencia del Canon se refleja en otra dimensión: el empleo de la melodía original de Pachelbel como tema central de bandas sonoras de películas, como son El enigma de Kaspar Hauser de Werner Herzog (1974), Ordinary People/Gente corriente de Robert Redford (1980) y Volver a empezar de José Luis Garci (1982); en esta última, alterna el canon original con versiones modernas como la de Oh Lord! Why Lord! de Pop Tops (e incluso una versión instrumental de esta canción, imposible de localizar en la discografía de Pop Tops). En una línea similar, también he detectado que un pasaje coral de estilo entre folk céltico y pre-new age titulado "On Horseback" que cierra la cara B de Ommadawn (1974) de Mike Oldfield también tiene la misma progresión armónica; pensaba que era una apreciación muy subjetiva, pero he encontrado referencias similares en los comentarios de algunos usuarios en la página de Amazon dedicada a Ommadawn .

En los años 70 las copias del Canon aparecen sobre todo en canciones intimistas de estilo folk-rock, siguiendo en parte la estela del "Streets of London" de Ralph McTell, como se puede ver en la "gemela" compuesta por también escocés Al Stewart llamada Samuel, Oh How You´ve Changed. En el caso del pop español de tendencia folk-rock, encontramos que el perfeccionista y sensible Rodrigo García se acercó dos veces al Canon, una en el grupo Solera con el divertimento semitropical "Agua de coco y ron" y más tarde con la intimista Cuarto menguante. De la misma manera, el grupo coral Los Ángeles mimetizó el Canon con la barroquizante Creéme. por otra parte, siguiendo la moda neobarroca de Oh Lord! Why Lord!, encontramos que el pasaje recitado de Pedro Ruy Blas en A Los que hirió el amor se apoya en unos acordes de órgano idénticos a la progresión armónica del Canon. También hay reflejos en la canción italiana, como la letánica Yo caminaré/Io camminerò cantada por Fausto Leali y compuesta por Umberto Tozzi y la eurovisiva Io senza te de Peter, Sue y Marc, de similar factura letánica y bucólica.

Los años 80 y 90 conocen otra oleada de canciones que copian la progresión armónica del Canon. Sin duda, el punto de partida de esta segunda oleada es la ya citada Go West de Village People (1979), aunque con casi total seguridad sus autores no fueron conscientes de la semejanza. El eco del Canon también se aprecia en contundentes fórmulas de power pop y bublugum como la exitosa Beach Baby de First Class. En algunas canciones de los 80 podemos atisbar semejanzas armónicas: aunque no aparece citada en ninguna lista, yo señalaría algunos pasajes de Guess that´s why they called us the blues de Elton John (1982), mientras que en dos canciones bastante más tardías del mismo autor, Live like Horses (1997) y Original Sin (2002) la presencia de la progresión armónica del Canon es mucho más clara. En el ámbito hispánico, documentamos en 1980 otra de las grandes versiones del Canon: Uruguay te queremos ver campeón, de Beto Triunfo y Roberto Da Silva, claro ejemplo de cómo la progresión armónica del Canon se presta a la creación de himnos patrióticos o futboleros. Pero es sin duda la primera mitad de los años 90 el período de mayor concentración de plagios de la estructura armónica del Canon. All Together Now de The Farm (1991) es uno de los ejemplos más paradigmáticos: es el único éxito importante de dicho grupo; el parecido con el Canon no sólo consiste en una idéntica progresión armónica, sino que el sonido de cuerdas pasado por sintetizador con que se abre la canción reproduce exactamente la melodía del Canon; por todo ello, esta canción se convierte en una variación del propio Canon más que en una canción independiente; finalmente, con el tiempo, esta canción se ha convertido en un himno futbolero (del Everton y de la propia selección inglesa en la Eurocopa de 2004). La OMD tuvo su canto del cisne a mediados de los 90 con una "gemela" de All Together Now llamada Walking on the Milky Way, con una intro muy similar y claramente deudora del Canon. Como expusimos anteriormente, la magnífica versión de Go West realizada por Pet Shop Boys (1993) consigue hacer explícita la progresión armónica del Canon a la vez que lo vincula con el himno soviético. También de 1993 es Cryin´, balada heavy del grupo Aeroesmith, donde la progresión armónica del Canon es claramente perceptible. Al año siguiente encontramos una nueva vuelta de tuerca del Canon: el grupo Green Day consigue insertar la progresión armónica del Canon en un endiablado tempo acelerado de punk-rock en la canción Basket Case (1994). También de 1994 y 1995 son dos canciones del grupo brit-pop Oasis citadas con frecuencia como deudoras de la progresión armónica del Canon: Whatever y Don´t Look Back in Anger, aunque en mi opinión la influencia es mucho más clara en la segunda (donde a su vez se entremezcla con el Imagine de Lennon, porque en la música moderna, y sobre todo en la de Oasis, no hay nada nuevo bajo el sol). De 1996 son Get me Away From Here I´m Dying de Belle & Sebastian y la citada Walking on the Milky Way de OMD.

En los años inmediatamente posteriores se ponen de moda canciones de estilo new age y chamber pop que más que copiar la progresión armónica del Canon, son -en términos clásicos- meras variaciones del Canon, como Nirvana del extraño grupo coral español El Bosco, Ladies and Gentlemen We´re floating in space de Spiritualized y la más reciente Salve Regina de All Angels. Del año 2000 es otra variación del Canon, la célebre Graduation Song (Friends Forever) de Vitamin C, que, como no podía ser menos, se ha convertido en un verdadero himno de las graduaciones en Estados Unidos (he de confesar que descubrí la canción de casualidad mientras veía Scary Movie 2). Todas estas canciones tienen los mismos acordes de guitarra citados antes, como demuestra en un divertido vídeo satírico el cómico y músico Rob Paravonian. Y la lista sigue con artistas más recientes y de géneros musicales muy diversos, desde la música negra, rap y hip-hop (Coolio, Sugarbabes, Alicia Keys y su exitosa y melismática No one y la no menos melismática I´m yours  de Jason Mraz) a los crooners y baladistas (To Love You More de Celine Dion con sus violines zíngaros o la recentísima It´s a beautiful day  de Michael Bublé) y la mezcla de ambos (It´s Okay de Atomic Kitten). Tampoco es ajeno al Canon el hard rock y el emo rock, como podemos comprobar en las imitaciones realizadas por Ozzy Osbourne en Goodbye to Romance, Mercury Rev en Opus 40 (el título clásico ayuda) y My Chemical Romance en Welcome to the Black Parade, bastante similar por cierto esta última a Basket Case, rápida y saturada de guitarras. En el género de la balada de cantautor destaca la versión que Phil Collins realizó en 2002 de una antigua balada de Leo Sayer titulada Can´t Stop Loving You : si escuchamos el original de Leo Sayer, no notamos nada peculiar, tan sólo una vaga similitud armónica con el Canon pero poco más; en cambio, en la versión de Phil Collins, la semejanza de la parte lenta de la canción con la progresión armónica del Canon es total, clarísima. Creo que nos encontramos ante un fenómeno similar al que ya señalamos con respecto a la versión de Pet Shop Boys del Go West de los Village People: las versiones más recientes toman conciencia del parecido armónico con el Canon y lo enfatizan para tener más éxito comercial; se podría hablar de un fenómeno de repachelbelización de canciones basadas en el Canon. A todo ello podríamos añadir en los últimos años meras variaciones del Canon, tan claras que incluso lo mencionan en el título (An Improvisation on the Canon de Robin Spielberg, Pachelbel 8000 de Mars).

Podríamos terminar este extenso artículo con un pequeño repaso a las canciones del ámbito hispanohablante que copian la progresión armónica del Canon de Pachelbel. En este sentido, nos ha sido de gran utilidad el Palmera Blog (www.pablogindel.com) del bajista uruguayo que mencionaba el himno futbolero Uruguay te queremos ver campeón de Triunfo y Da Silva y cómo canciones posteriores como Soñaré de Rosana se parecían tanto (lo cual motivo una querella por plagio de los primeros a la segunda). En el ámbito hispanoamericano se han observado diversas canciones que copian la progresión armónica del Canon (Volverte a ver de Juanes, Paloma de Calamaro, Estoy tan cansado de Moenia). Aunque no encajan con toda la progresión armónica, hay un cierto parecido en dos canciones lentas de Juan Luis Guerra y 4.40, "Como abeja al panal" y "Burbujas de amor" (lo veo más claro en la primera). En cambio, en el pop español peninsular apenas se ha realizado esa misma investigación. Yo apuntaría unas cuantas, representativas, como ya hemos visto, de diversos géneros musicales: en cuanto al techno o pop electrónico, ámbito bastante propicio a copiar la progresión armónica y de bajos del Canon, se podría citar Si esto no es amor de OBK, descaradísima copia (o variación) del Canon tanto en los acordes iniciales (que recuerdan a los de All Together Now) como en la progresión armónica de la parte lenta de la canción; en el ámbito del pop comercial, entre épico e intimista, la canción Jugando con el tiempo de Mikel Erentxun (tanto en la progresión armónica como en la propia melodía del canon que surge en el glissando final del piano). La Oreja de Van Gogh le ha cogido gusto a imitar el Canon, tras sus dos primeros intentos en las canciones Nube y Despacio del elepé Más Guapa de La Oreja de Van Gogh, y la reciente Mi calle es Nueva York, mientras que Amaia Montera en solitario lo ha hecho en A tu lado y Tu mirada. También recuerda por momentos al Canon (sobre todo en los arreglos orquestales y en los fraseos de la parte final) la balada de Mägo de Oz titulada Si te vas . Incluso se acerca a la progresión armónica del Canon el único éxito de un grupo de la movida, Glutamato Ye-yé y su Todos los negritos tienen hambre y frío. En el ámbito de la balada melódica a la italiana, de gran éxito también en Hispanoamérica, Alejandro Sanz ha sido uno de los compositores que siempre ha estado en el punto de mira de los “cazadores del Canon”: el bajista uruguayo de Palmera Blog cita una canción de su primer disco, Canta para mí (1991), pero hay una canción de Sanz que desde el principio me fascinó y de la que sospeché su proximidad armónica con el Canon. Se trata de A la primera persona, del elepé El tren de los momentos (2007), canción cuyo tono lento y ambiente barroco (que permite el empleo de un instrumento típico del Barroco, la trompeta, como instrumento solista) son ya una invitación a la progresión armónica del Canon, pues la canción encaja perfectamente con los acordes de guitarra citados al principio del artículo (de hecho, la canción es una especie de melodía continuada donde todas las partes encajan con la progresión armónica del Canon, que se repite una y otra vez sin descanso). De hecho, esta canción motivó una acusación de plagio, ya que una balada italiana publicada unos meses más tarde, A te de Jovanotti, era casi idéntica a la canción de Sanz en el tono lento, la melodía de letanía, el paulatino crescendo… y por supuesto, la repetición continuada de la progresión armónica del Canon de Pachelbel, verdadero tertium comparationis de ambas canciones (como se refleja en la versión italiana de la Wikipedia dedicada al Canon de Pachelbel: http://it.wikipedia.org/wiki/Canone_di_Pachelbel). De todas maneras, no era la primera vez que una balada italiana (o all´italiana ) plagiaba el Canon, pues -como hemos visto- la también lenta y letánica Yo caminaré/Io camminerò  cantada por Fausto Leali y compuesta por Umberto Tozzi también encaja a la perfección con la progresión armónica del Canon de Pachelbel. Por desgracia, en algunas páginas web italianas que tratan el tema, se dice que el Canon de Pachelbel lo compuso Bach, craso (pompeyo y julio césar) error. Finalmente, también podemos citar una inclasificable versión realizada por Luis Cobos y la Escolanía de Voces Blancas de El Escorial bajo el nombre de un extraño grupo coral llamado El Bosco (¿Cobos al revés? ¿un anagrama a lo Dan Brown?): la canción se llamaba Nirvana  y fue un gran éxito en 1995, combinando ad libitum  una letra en latín y en inglés tomada del Evangelio de San Lucas (¿Chiquito?) y que en conjunto no decía nada, pero resultaba intrigante, atractiva y muy new-age, siendo el inicio de engendros posteriores como Enigma y Gregorian; y fue un éxito no porque Luis Cobos fuera original sino porque la canción de resonancias gregorianas no era otra cosa que un canon que reproducía la propia estructura melódica y armónica del Canon de Pachelbel (y de nuevo los acordes iniciales son idénticos a los de All Together Now).

Por último, hemos de advertir que la prueba de los acordes de guitarra y el énfasis en que se trata de una similar armonía y no melodía, nos permite excluir de la lista de canciones semejantes al Canon, como también señala con acierto el internauta uruguayo de Palmera Blog, canciones como Let it Be de The Beatles, No Woman No Cry de Bob Marley, With or Without You de U2 y Torn de Natalie Imbruglia, que pueden tener una cierta afinidad melódica pero son muy distintas en cuanto a los acordes; de hecho, en las listas de internet más actualizadas que sirven de guía al presente artículo, estas canciones están eliminadas. Con esas canciones, los tradicionales “cazadores del Canon” estuvieron equivocados.

Pero aun desechando esas canciones, los ejemplos son muy numerosos y representativos de todos los géneros de la música moderna, pues, quizá, como se dice a veces en Internet, toda la música moderna no es más que una gigantesca variación eterna del Canon de Pachelbel.


domingo, 10 de octubre de 2010

La huelguita general



LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(V: 2010)



Juan Gómez Capuz




LA HUELGUITA GENERAL

El pasado 29 de septiembre se celebró en España la última Huelga General de la Democracia. A diferencia de otras convocatorias semejantes, ésta resultó bastante floja y descafeinada, quizá porque los sindicatos no se habían movilizado antes (cuando tocaba) y porque el país no está para fiestas.

En mi caso, decidí acudir a trabajar, ya que estoy pagando una hipoteca muy alta, me han recortado el sueldo como a todos los funcionarios y me pareció que la reacción de los sindicatos había sido floja y a destiempo. El problema es que tenía que recorrer 32 kilómetros para acudir a mi puesto de trabajo a las 8.10 de la mañana. Huelga decir que no llegué a tiempo.

Mi primer dilema consistió en la indumentaria. Pensé en ponerme vaqueros, como recomendaron que hicieran los empleados de banca, pero me pareció inútil e inviable por dos razones: primero, porque es normal que un profesor de instituto vaya con vaqueros a clase (a veces agujereados, y hasta con camisetas reivindicativas); segundo, porque hace tiempo que no me entra ninguno de los pocos vaqueros que conservo. Así que decidí ponerme un pantalón normal oscuro y una camisa de verano también oscura, como si fuera un cantautor o alguien que va a un funeral (o ambas cosas a la vez). Huelga decir que mi indumentaria no engañaba a nadie.

El principal problema, no obstante, consistía en intentar disimular las carpetas y libros que habitualmente lleva un profesor. De nuevo mi solución fue bastante poco inteligente. En lugar de llevar el pesado maletín de todos los días, con combinación para abrirlo (mis alumnos piensan que llevo dinero, drogas o una bomba dentro… y les parece muy “molón”), decidí meter lo indispensable en una bolsa grande de la FNAC. Si era un ardid, resultaba muy fácil de descubrir por parte de los piquetes “informativos”: en primer lugar, la tienda de la FNAC no abre hasta las 10 de la mañana, por lo cual yo no podía venir de haber comprado en la tienda de la FNAC; en segundo lugar, la tienda de la FNAC de Valencia siempre tiene la entrada principal (y a veces también la secundaria) “custodiada” por activistas de las más diversas oenegés que te acosan con manifiestos absurdos e ideales utópicos, con una total pasividad y hasta connivencia de los responsables de la tienda (cuestión que ya he tratado en otro artículo); por tanto, de haber estado abierta, habría sido facilísimo para los piquetes apostarse a la entrada de la FNAC y haber impedido la entrada de los empleados y los potenciales clientes esquiroles (entre otras razones porque la policía nunca se pasa por allí a vigilar, cosa que sí hace en otros grandes almacenes). Mi estratagema de la bolsa de la FNAC era de lo más inoperante y sólo confiaba en una conjunción favorable del destino: que los piquetes “informativos” fueran incapaces de reproducir el proceso silogístico que acabo de enunciar. Y parece ser que así ocurrió, pues ni durante el trayecto de ida ni durante el trayecto de vuelta nadie se metió con mi bolsa de la FNAC. Huelga decir que mi tosco ardid acabó siendo todo un éxito.

El siguiente problema (ya he superado los dos anteriores y me siento como Ulises, aunque no sé si el de Homero o el de Joyce) era el de transporte. Como dijo Buenafuente esa noche o la siguiente, “los transportes públicos irán mal… y el día de la Huelga también”. Si llegar a tiempo con el tren de cercanías para entrar a las 8.10 es de normal una odisea (soy Ulises), el día de la Huelga General, con servicios mínimos que normalmente no se cumplen, resultaría una tarea imposible. Además, hace tiempo que no conduzco (aún conservo el coche pero no lo saco nunca, en parte porque no tiene pasada la ITV, no va la batería y me di de baja del seguro obligatorio) y por todo lo anterior resultaba impensable sacarlo esta vez (además, en los últimos años las infracciones de tráfico son objeto de condenas muy superiores a las de terrorismo internacional, aunque esa es otra historia y tema de otro artículo) y me muevo únicamente con transporte público. Salí con tiempo de casa y empecé a ver grupos de gente apiñados en las paradas de autobús, por lo que decidí ir a pie a la estación (como si fueran los días de Fallas). Por lo visto, los piquetes “informativos” habían empleado el grueso de sus fuerzas (que conste que no me refiero a Cándido Méndez) en impedir la salida los pocos autobuses acordados previamente en los servicios mínimos y habían dejado “descubiertos” otros muchos flancos (por ejemplo, funcionaban casi todos los bares, aunque hay que reconocer que los bares son sagrados en este país). También vi muy pocos taxis: es curioso, los taxistas siempre van chuleando por ahí, escuchando a Federico (lo cual te deja ya tocado para el resto del día) y repitiendo hasta la saciedad eso de que “este país lo arreglaba yo en dos patadas”, pero ese día hicieron mutis por el foro. Cuando llegué a la entrada lateral de la estación, de donde salen los cercanías que suelo coger, me llamó la atención que no hubiera nadie (otro flanco descubierto). Y cuando digo nadie, quiero decir nadie: no había piquetes “informativos” que pudieran descubrir el ardid de mi bolsa de la FNAC y me llamaran “ardilla” (cosa que me hubiera extrañado, porque hace tiempo que no como nueces, aunque son buenas para el colesterol y debería comerlas); no había policías que garantizaran el derecho de los que no quisieran hacer huelga; por no haber, no había ni interventores y las cancelas y tornos de los trenes de cercanías estaban completamente abiertas (ese día se colarían más de lo normal). Así que, tranquilamente, con mi uniforme de cantautor y mi bolsa de la FNAC entré en la estación e hice tiempo para el primer tren de los servicios mínimos, el de las 7.53 que me haría llegar 30 minutos tarde al trabajo. Huelga decir que nadie se metió conmigo, en parte porque los que me rodeaban estaban en la misma situación que yo.

Sorprendentemente, el tren acordado por los servicios mínimos (y por el no menos sorprendente acuerdo de última hora entre un gobierno autonómico contra las cuerdas y de unos sindicatos también contra las cuerdas para alivio de un gobierno central también contra las cuerdas) salió a su hora y pude llegar tarde al trabajo (aunque no tan tarde como Ulises).

A la vuelta, hacia las dos del mediodía, la misma historia: un tren de cercanías de servicios mínimos atestado de gente, una estación sin interventores, ni piquetes ni policías, un nuevo recorrido a pie por una Valencia desierta y al final llegué a Ítaca. Huelga decir que todo muy normal y sin incidentes. Más que una Huelga General, fue una Huelguita General (y, si me apuras, teniente coronel, o hasta sargento chusquero).

martes, 31 de agosto de 2010

Las canciones olvidadas

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)



Juan Gómez Capuz



LAS CANCIONES OLVIDADAS

La historia de la música pop-rock está repleta de grandes injusticias. Por un lado, la sobrevaloración de canciones y álbumes mediocres, pero que tuvieron detrás una inmensa campaña promocional o llegaron en el momento apropiado. Por otro, brillantísimas canciones que, precisamente por lo mismo, por carecer de una promoción adecuada, por no haber aparecido nunca en single o por ser poco difundidas por las FM, habitan en el olvido de las caras B de oscuros elepés. En este sentido, Brian May se quejaba de que una gran canción, si no era editada en single ni era difundida por las emisoras musicales, no conseguía permanecer en la memoria de las personas, que de otra manera la hubieran asociado a algún momento feliz de sus vidas o al paraíso perdido de la juventud. Tan sólo el favor del público y la tarea divulgadora de programas musicales como Classic Albums ha permitido recuperar del olvido esas grandes canciones que merecieron mejor fama.

Las “canciones olvidadas” son patrimonio de todos los grupos y solistas, incluidos los más grandes. La injusticia no ha hecho distingos entre grupos de primera y grupos de tercera. Por ejemplo, entre las canciones de The Beatles encontramos grandes éxitos que fueron canciones tontas y mediocres (sobre todo en los últimos años) y canciones de bellísima factura y atrevida elaboración musical que pasaron inadvertidas. Hoy en día Yesterday es un clásico y la canción más versioneada de la historia, pero en 1965 fue relegada a la cara B del álbum Help y no siquiera apareció en la película del mismo título; hasta los años 70 no fue single en Gran Bretaña. Su extraña orquestación, con una guitarra acústica y un cuarteto de cuerda, quizá el primer unplugged de la historia del rock, sin guitarras eléctricas, ni bajo ni batería, fue visto quizá como un sacrilegio y un experimento demasiado “innovador” por su clasicismo. Pero el favor del público fue inmediato, apareció al año siguiente en el recopilatorio “sobre la marcha” A Collection of Beatles Oldies but Goldies y se convirtió en pieza obligada durante los quince meses que transcurrieron entre su publicación y la retirada de los Beatles de las giras, aunque era curioso ver solo a Paul en el escenario como si fuera un cantautor. Con Eleanor Rigby, de similar factura clasicista (sólo tiene como instrumentos un octeto de cuerdas, si guitarra acústica ni ná ), la estrategia fue distinta y sí apareció en single. Otra canción de la misma época, esta vez de John, que al principio quedó relegada a la cara B del siguiente elepé, Rubber Soul, fue In my life . Se trataba de una melancólica balada en la que un joven de 24 años hacía balance de los recuerdos del pasado, de las personas que murieron y de los lugares que ya no existen, con la madurez de un anciano que escribe su testamento literario. Además, George Martin volvía a aportar un toque clasicista interpretando él mismo en el puente un solo de piano eléctrico que al acelerarlo al doble de velocidad adquiría el timbre de un antiguo clavicordio. In my life, tanto en la música como en la letra, era una canción perfecta, que sabía tocar las teclas más sensibles de la condición humana: el amor, el recuerdo, la vida, el paso del tiempo y la muerte. Nunca salió en single pero se ganó el favor del público. Ya en 1973 ganó una batalla al aparecer en el doble recopilatorio, el “doble rojo”, de 1962 a 1966. En 2000 ganó otra gran batalla al ser considerada por la revista musical británica Mojo como la mejor canción de todos los tiempos. En la actualidad es una canción muy popular, sobre todo en Estados Unidos, y es interpretada con frecuencia en graduaciones, bodas y funerales (entre otros, en el de Kurt Cobain, gran admirador de los Beatles). Y no puedo dejar escapar la ocasión sin citar mi propia traducción de las primeras estrofas, para que el lector pueda apreciar la rotundidad de su letra (obsérvese la coincidencia de la última estrofa con la formulación del tópico del ubi sunt  : ubi sunt qui ante nos fuerunt?  "¿dónde están los que vivieron antes que nosotros?", así como los alejandrinos de la traducción castellana en la segunda estrofa)

Hay lugares que siempre recordaré
en mi vida, aunque algunos hayan cambiado.
Algunos para siempre y no para mejor,
unos permanecen y otros se esfumaron.

Todos esos lugares tuvieron sus momentos
con amantes y amigos que aún rememoro.
Algunos están vivos y algunos están muertos,
pero en esta mi vida los he amado a todos.

Pero de todas esas amantes y amigos
no hay ninguna que se pueda comparar contigo
y carecen de valor todos los recuerdos
cuando pienso en el amor como algo nuevo.

Aunque sé que nunca perderé el afecto
por las personas y cosas que me precedieron.
Sé que a menudo me pararé a pensar en ellos.
En mi vida, cuánto te quiero.

Años después, Paul McCartney heredó también la tendencia a hacer canciones olvidadas. Su trayectoria musical en solitario o con Wings es brillante pero irregular, sobre todo por su obcecación en convertir en singles de éxito canciones mediocres, cuando no malas, y relegar a la cara B de sus elepés a verdaderas joyas en miniatura, pequeñas baladas entre lo melancólico y lo optimista como la sensible Distractions (de Flowers in the Dirt ); el barroquizante venecianismo de Somedays (de Faming Pie ), con un magnífico arreglo que cuerdas y oboe que nos hace volver a los tiempos de Eleanor Rigby ; y la clasicista English Tea (de Chaos and Creation in the Backyard ), donde se combina el arreglo de cuerdas a lo Eleanor Rigby y Somedays con un piano que suena como clavicordio al estilo de In my life .

En el caso de los Rolling Stones, encontramos numerosas canciones de su período dorado, 1964-71 (recogido en dos dobles recopilatorios denominados Hot Rocks), injustamente relegadas por otras canciones mediocres de años posteriores. En un elepé tan redondo como Aftermath, encontramos la joya de Paint it Black, que se inicia con una saltarina y sincopada melodía que roza lo pentatónico y que tiene, gracias al riff de sitar de Brian Jones, un innegable aunque vago sabor orientalizante, entre magrebí, cosaco, persa o hindú, y que sin duda hubiera fascinado a “expertos” en el tema como Rimsky-Korsakov o Ketèlbey. También encontramos la delicada balada isabelina Lady Jane, que demuestra que el grupo, a pesar de su vocación de rythm´n´blues no se quedaba en lo guitarrero sino que podía incorporar bellísimos fraseos de teclado, como sucede también en She´s a Rainbow .

A principios de los años 70 surgen nuevos músicos que pretenden desarrollar el sonido de Beatles y Stones, incidiendo sobre todo en los trucos de estudio. En la extensa obra de estos músicos también encontramos el consabido contraste entre mediocres canciones que fueron éxitos fáciles y brillantes canciones olvidadas. Con un perfil semejante al de McCartney, de producción amplísima pero irregular, Elton John es otra de las canteras de canciones olvidadas. Todos sus recopilatorios se suelen abrir con Your Song, magnífica canción sin lugar a dudas, pero olvidan que en su primer elepé Empty Sky ya apuntaba maneras con la brillante miniatura llamada Skyline Pigeon, balada isabelina donde el clavicordio se convierte en protagonista destacado. En un registro completamente diferente (como dirían los Monty Python), Elton también compuso poco después la espléndida balada country Roy Rogers, apoyada en una soberbia letra de Bernie Taupin: nunca se han combinado tan bien una música y una letra de distintos autores, y lo consiguieron porque se trataba del homenaje de ambos a su héroe de la infancia Roy Rogers, actor de westerns y cantante de country, a partir de la anécdota de que lo vieron después de muchos años de olvido en un típico canal de cable USA, joven y cabalgando, porque “los héroes de película nunca envejecen”. También es una gran canción de la misma época Levon, al igual que la minisuite Funeral for a friend/Love lies bleeding . El favor del público ha conseguido que en sus últimos conciertos (como el de su 60 cumpleaños), Elton recupere joyas como Roy Rogers y Levon, aunque sigue olvidando Skyline Pigeon .

Otro gran pianista del rock que surgió a principios de los 70 fue Billy Joel. Quizá interesado en dar a conocer sus rocks más enérgicos, Joel también ha olvidado esas baladas intimistas perfectas de sus inicios (tan cercanas a las baladas folkies de Carole King, Don McLean y James Taylor), como She´s always a woman y She´s got a way . En el caso de Don McLean, no se puede negar que su versioneada American Pie sea una canción perfecta y el mejor retrato de la primera generación del rock, pero conviene no olvidar la intimista Vincent, conmovedora elegía de Vincent Van Gogh acompañada por la mejor letra que se ha escrito jamás en el pop norteamericano. En el ámbito del folk-rock norteamericano de los setenta, también cabría destacar que Eagles, aparte de la magnífica y algo sobrevalorada Hotel California, también escribieron bellísimas canciones como Desperado y Take it easy (con la colaboración de Jackson Browne), el grupo de origen británico America compuso maravillas como la delicada Another Try, mientras que Crosby, Stills & Nash consiguieron pequeñas joyas como Wasted on the way .

Volviendo al otro lado del Océano, podemos hacer balance de la numerosa, desigual y cada vez más hortera música de los primeros setenta. Pero algunos de los grupos más representativos de los excesos de esa época fueron capaces de crear canciones perfectas, aunque muchas de ellas olvidadas. Supieron combinar estilos tan dispares como la power ballad, la balada heavy, la canción himno, el estilo de music hall, la incipiente música disco y el blues. Tuvieron grandes éxitos, pero también grandes canciones olvidadas. Procol Harum fue un irregular grupo de blues rock progresivo con aristas de música clásica y de heavy metal. Todo nació de la sinergia entre el blues de su líder y pianista Gary Brooker, el tono clasicista bachiano del circunspecto organista Matthew Fisher y la vocación heavy del guitarrista Ray Royer. De esa fusión nació una de las canciones más redondas del rock progresivo, With a wither shade of pale, con su inconfundible sabor a Bach sin copiar a Bach. Pero poco después supieron crear otra canción perfecta pero olvidada, Quite rightly so, en la que se aprecia con mayor claridad cómo a partir de una base de blues rock (y un impactante comienzo de acordes de órgano) se puede construir una canción sublime, mientras que el inigualable puente instrumental contiene un solo de órgano que recuerda a las fantasías de Bach y Buxtehude seguido por un contundente solo de guitarra casi heavy. También cayeron en los excesos de la década Queen, pero antes nos dejaron magníficos elepés como A Night at the Opera : en él, además de la recordada y redonda minisuite Bohemian Rhapsody, podríamos destacar la canción olvidada a la que Brian May suele hacer alusión al comentar las injusticias sobre este tipo de canciones, ’39, una espléndida y etérea balada acústica folkie sobre viajeros interestelares (en lugar de marineros, como era lo habitual en el género), y añadir también la rareza de Seaside Rendez-vous, divertimento en clave de music-hall donde Taylor y Mercury improvisan un solo de percusión y viento metal con los dedos y con la boca, sin hacer intervenir ningún instrumento real. A su vez, ’39 de Queen recordaba a las baladas folkies de temática espacial que tan bien supo cultivar su amigo David Bowie a finales de la década prodigiosa: todos recuerdan su sensacional debut con Space Oddity, pero Life on Mars? es sin duda una canción perfecta, con unas progresiones tonales ascendentes y repletas de notas alteradas que cautivan desde el primer momento al oyente (y que recuerdan a otra gran canción, My Way ). También cayeron en los excesos de la comercialidad el grupo ABBA, que además de sus estándars habituales nos dejó canciones de bella factura como el elegante divertimento de music-hall titulado Head over heels y el demoledor testimonio del fracaso que representa The winner takes it all, mientras que los siempre excéntricos Kinks no sólo aportaron rocks enérgicos (You really got me ) y divagaciones vintage de music-hall (Sunnny afternoon ), sino que en etapas posteriores compusieron crepusculares canciones melancólicas de extrema sensibilidad como Celulloid Heroes .

Son tantas canciones que no caben en un artículo, que se ha hecho larguísimo, ni siquiera en un libro ni tan sólo en una colección de cedés. Supongo que cada aficionado a la música (y en todos los géneros musicales existe el olvido) tendrá su propio catálogo de “canciones olvidadas”.

Jueces o enriqueces (los super-jueces)

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)


Juan Gómez Capuz



JUECES O ENRIQUECES
(LOS SUPER-JUECES)

El sistema judicial español, caracterizado por el poder omnímodo de los jueces en detrimento de los jurados populares, los defensores, los fiscales y los diversos cuerpos policiales, amén de la cada vez menor independencia política de estos jueces, constituye un caldo de cultivo propicio para la aparición de jueces-estrella. Estos super-jueces, imbuidos con los super-poderes antes mencionados, aplican su peculiar visión de la las leyes para desconcierto de la opinión pública y, sobre todo, de los pobres ciudadanos implicados en un juicio que además de tardar mucho acaba con una sentencia arbitraria y casi surrealista. Algunos periodistas (colectivo que a veces también cae en paranoias similares) piensan que estos jueces actúan así por afán de notoriedad o para obtener algún tipo de beneficio pecuniario. Quizá la fama y el dinero sean “efectos colaterales” de la labor de estos jueces, pero en mi opinión actúan así en virtud de un motivo mucho más grave y peligroso: actúan por convicción, por principios, porque piensan que están llamados a ejercer una misión salvadora en una sociedad decadente e injusta. Es decir, les mueve la misma motivación que a los superhéroes de los cómics y películas… y a los líderes mesiánicos que convirtieron el siglo XX en un inmenso cementerio. Para que se vea con mayor claridad, pondré dos ejemplos de jueces españoles, muy alejados ideológicamente pero con un similar complejo mesiánico. Y además pondré esos dos ejemplos en particular porque su misión salvadora finalmente ha sido frenada por el Consejo General del Poder Judicial. Creo que a estas alturas del artículo resulta obvio que no me gustan las leyes ni los jueces, que a pesar de ser de Letras la última carrera del mundo que hubiera elegido es la de Derecho. Y por tanto he de reconocer que experimento un placer indescriptible cuando estos superjueces teóricamente invencibles acaban siendo cazados. Como dice el proverbio evangélico, no juzguéis y no seréis juzgados.

El primero de estos superjueces es Fernando Ferrín Calamita, responsable de hasta hace poco de uno de los dos juzgados de familia de Murcia. Se trata de un juez ultraconservador, padre de familia numerosa, cuya “misión salvadora” consistía en denegar la adopción de niños por parte de parejas lesbianas (es decir, que el hijo natural de una las dos mujeres no pudiera ser adoptado por la otra) y obligar a que los hijos de inmigrantes se inscribieran en el registro civil con nombres “cristianos y españoles”. Más aún, en un detallado artículo publicado por El Mundo en junio de 2007 (para que se vea que este periódico también ataca a jueces conservadores… sobre todo si las víctimas son homosexuales o inmigrantes) titulado “En Murcia, familias como Dios manda” nos explica que Ferrín Calamita también presionaba matrimonios que estaban en trámites de divorcio para que no se divorciaran o que en su primer destino detenía a las mujeres que hacían top-less en la playa (Por cierto, los medios ultraconservadores se han escandalizado porque a este juez se le nombrara sólo con el segundo apellido, Calamita, y no con los dos: quizá influya en ello la paronimia de su segundo apellido con cierto sustantivo abstracto del castellano). Otra de las cosas que podemos deducir de este artículo de El Mundo y de mi propia experiencia profesional en la Región de Murcia es que en dicha región el único modelo de familia válida, “como Dios manda”, es la formada por un hombre y una mujer que se han casado por la iglesia antes de cumplir los treinta años, con una prole numerosa (al menos tres hijos) bautizada con nombres (generalmente compuestos) tomados del santoral cristiano. Cualquier otro tipo de unidad familiar o de comportamiento individual está muy mal visto por la sociedad murciana, sobre todo en los pueblos de interior del Altiplano y del Noroeste, donde la vida sigue igual como la pintó Azorín hace 100 años. Alguien podría pensar que se trata de un ataque a colectivos muy concretos, como los homosexuales, las lesbianas y los inmigrantes. Pero mi experiencia personal en aquellas tierras me dice que el problema es mucho más profundo y mucho más grave: se trata del miedo y del odio al que es “diferente”. Y para ser “diferente” no es necesario pertenecer a los tres colectivos antes citados: basta, por ejemplo, con estar divorciado, situación bastante frecuente en la sociedad urbana actual; basta, simplemente, con tener más de treinta años y estar soltero, sobre todo si te encuentras en un pueblo de la Murcia profunda donde la edad media de nupcialidad se sitúa en los 20 años; basta, sencillamente, con tener un nivel cultural estratosféricamente superior al de los gañanes y gañanas que te rodean (uno acababa sintiéndose como el protagonista de la novela La conjura de los necios ); basta, lisa y llanamente, con tener ciertas aficiones, como la literatura y la música, comunes y bien valoradas en otras comunidades autónomas, pero que aquí son juzgadas por las propias mujeres aborígenes como “impropias de un hombre”. Y es obvio que en casi todos esos aspectos yo era “muy diferente” de la gente que me rodeaba y que me veía como poco menos que un extraterrestre, y por tanto se espantaban de que la educación de sus hijos estuviera en manos de una persona tan poco recomendable. En ese yermo contexto, Ferrín Calamita no ha inventado nada sino que, más bien, ha sido el “brazo ejecutor” de unas atávicas costumbres todavía vigentes en su tierra, brazo y costumbres que me alcanzaron de lleno como víctima. Por tanto, como decía Serrat, “entre esos tipos y yo hay algo personal”.

El caso diametralmente opuesto al de Ferrín Calamita ha sido el de Baltasar Garzón, un juez progresista ligado a los inicios de la asociación Jueces para la Democracia . Hay que reconocer que, al principio, lo de Garzón tuvo su gracia. Tuvo gracia cuando dio la espantada del PSOE en los últimos coletazos del felipismo y renunció a su escaño para volver a la carrera judicial. Tuvo mucha más gracia cuando, mediante una serie de carambolas jurídicas, consiguió inmovilizar en Inglaterra durante casi un año al sangriento dictador Pinochet, sometido a un kafkiano arresto domiciliario tan sólo aliviado por las visitas de una chocheante Thatcher. Pero una vez adquirida fama internacional –como ha ocurrido con algunos de nuestros presidentes de Gobierno- parece que se le fue la olla y se dedicó en cuerpo y alma a su labor de superhéroe. Adicto al trabajo (workalcoholic como dicen los americanos), lo mismo instruía sumarios contra ETA, contra el GAL, contra el terrorismo islamista y contra exdictadores de monocolor pelaje. El poco tiempo libre que le quedaba lo dedicaba a dar conferencias millonarias, pues no quería renunciar a su parte del “botín”. Luego vino lo de la Memoria Histórica y el afán por excavar fosas en todos los sitios, como si Víctor Frankenstein hubiera ido a California en plena fiebre del oro. Si le hubieran dejado las manos libres, creo que ahora Garzón trataría de procesar a Woody Allen por “pertenencia a banda musical”, peligrosísimo delito si tenemos en cuenta las numerosas veces que los Rolling Stones y James Brown dieron con sus huesos en la cárcel o el exilio que hubieron de padecer músicos como Kurt Weill o Rostropovich. Pero hace poco, oscuros colectivos que dicen tener las manos limpias han frenado su meteórica carrera. Parece que el superhéroe Garzón ha claudicado y prepara su exilio dorado en los organismos de la Unión Europea, al igual que ha ocurrido siempre con los malos políticos españoles que han escapado por la puerta de atrás de las elecciones europeas.

Izquierda islamista y derecha sionista

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)


Juan Gómez Capuz



IZQUIERDA ISLAMISTA Y DERECHA SIONISTA
La izquierda y la derecha españolas, cada vez más desorientadas, cada vez más radicalizadas, parece que no son capaces de ponerse de acuerdo en nada. Incluso asuntos de política internacional que hace veinte años hubieran suscitado un mínimo consenso, son ahora motivo de agudas discrepancias. Uno de esos asuntos es el espinoso conflicto de Israel y Palestina, cada vez de más difícil solución y periódicamente agitado por actuaciones brutales e insensatas de ambos bandos, como el reciente ataque de comandos israelíes a la llamada “flotilla de la libertad” que pretendía llevar alimentos, medicinas y juguetes (?) a la bloqueada y masificada franja de Gaza.

Desde hace algún tiempo, ha sido habitual entre la izquierda española una actitud propalestina y muy crítica con Israel. Quizá surgió como una moda, posiblemente como reacción al descaradísimo apoyo que Estados Unidos ha brindado siempre a Israel, tal vez como un reflejo de cierta política antioccidental y de “no-alineados” que siempre ha anidado en la izquierda española más radical. Ahora bien, la izquierda española durante más de 80 años se ha dedicado más a luchar contra los disidentes internos (como ocurrió en las absurdas e inútiles luchas intestinas durante la Guerra Civil) que contra los enemigos de la derecha (la prueba es que la derecha de toda la vida sigue intacta en sus canales de TDT y periódicos digitales). Por ello, esta izquierda española parecía hallarse fracturada entre un sector más moderado, afín al PSOE, defensor de regímenes árabes cuestionables pero al menos moderados y relativamente prooccidentales, como Marruecos, Al-Fatah en Palestina y el bloque prooccidental del Líbano, y otro sector más radical, laico y antioccidental, cercano a los restos de Izquierda Unida, que curiosamente apoya a los movimientos islámicos más radicales, como Hamás y otros (¡hay que ver qué lío montaron con la Haidar y cómo este incidente provocó la ruptura entre los cómicos de la ceja y Zapatero!), un sector que ve con gusto la deriva islamista de la otrora civilizada y laica (¡como ellos!) Turquía y apuesta por establecer un diálogo fructífero (?) con Irán. Es la misma izquierda radical que hace casi veinte años ponía enormes retratos de Sadam Husein en las facultades de Letras. El problema es que esta izquierda más radical, laica, antioccidental y anticristiana está ganando terreno al sector más moderado, sobre todo dentro del actual PSOE. Lejanos quedan los tiempos de la labor mediadora de Felipe González (quien estableció relaciones diplomáticas con Israel, no lo olvidemos), Pacordóñez y la Conferencia de Madrid, y solitaria resulta ahora la labor mediadora que fuera y dentro del Gobierno ha realizado Moratinos y que ha sido reconocida por los dos bandos en conflicto. Ahora, repito, da la impresión de que esa izquierda radical está ganando la partida: como parece que su principal enemigo es la civilización cristiana, occidental y capitalista, aplican el sofisma maquiavélico de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos” y no escatiman alabanzas y ayudas al islamismo más radical. Las muestras son numerosas: la cantidad de gente joven y “progre” que lleva puesto el pañuelo palestino porque “queda guay”; las mujeres jóvenes españolas, teóricamente progres, feministas y liberadas, que no dudan en emparejarse con individuos de color procedentes de Malí o Senegal, países del Sahel donde prima una interpretación rigorista del Islam y todavía se practican salvajadas como la ablación de clítoris; las oenegés de charanga y pandereta que acuden al Sahel o se suman a la “flotilla de la libertad” pensando que se trata de ir de colonias de verano, y luego lloran porque les disparan y los secuestran; los que atizan el debate sobre el derecho al uso del velo, yihab y niqab para que la derecha más reaccionaria entre al trapo y ellos se puedan erigir en los defensores de la libertad de cultos y de opinión. Y yo me pregunto: si estos grupos abominan de la cultura y ética católicas porque la consideran machista y patriarcal, ¿por qué experimentan ese inmenso entusiasmo, ese Camino de Damasco, por una cultura que es mucho más patriarcal y machista? Ahora bien, lo más grave de todo, es que esa actitud que antes quedaba confinada en los grupos izquierdistas más radicales, ahora se infiltra con cada vez mayor fuerza en un Gobierno desnortado, con ministros –y sobre todo ministras- patétic@s que no dudan en esgrimir estas cuestiones marginales para disimular la mala marcha de la economía.

Pero si la actitud de la izquierda española nos puede resultar desconcertante, la derecha española no se queda atrás. La nueva derecha dura española, la que monopoliza los canales de TDT y periódicos digitales, también ha experimentado una fuerte radicalización con respecto al conflicto árabo-palestino. Como parece que los dictados en política exterior de esta nueva derecha dura española vienen del ala más conservadora del Partido Republicado de Estados Unidos, de los llamados Neo-Cons (fundamentalistas protestantes a menudo aliados circunstanciales del lobby judío), resulta que ahora en los medios de comunicación conservadores la actitud “oficialista” es el apoyo ciego a todo lo que haga el Estado de Israel. El reciente suceso del brutal ataque israelí a la ambigua “flotilla de la libertad” que se dirigía a Gaza ha puesto de manifiesto cómo los tertulianos ultraconservadores más notables, como Federico, César Vidal y otros que curiosamente tienen apellido alemán (todos ellos desde los búnkers de la cadena de TDT que debería llamarse “Los amigos De israel”), intentaban justificar lo injustificable, repitiendo hasta la saciedad los endebles argumentos del gobierno israelí y de los grandes medios de comunicación norteamericanos. Lo que me llama la atención es que este entusiasmo proisraelí de la nueva derecha española parece relativamente reciente, o al menos no es tan antiguo como la vocación islamista de nuestra izquierda: en mi opinión, se fraguó durante los ocho años de gobierno de José María Aznar, su pertenencia al Trío de las Azores y la brillante invasión de Irak. Pero, al igual que la deriva islamista de nuestra izquierda, resulta sumamente contradictorio: en apenas cuarenta años hemos pasado de escuchar las denuncias de un “contubernio judeo-masónico” a las denuncias, que todavía existen en esos medios ultraconservadores, de un “contubernio masónico” a secas. De repente, el estado israelí (nunca reconocido por la derecha franquista) se ha convertido, quizá por mandato de Washington y de Spielberg, en el bueno de la película, en el “intocable”. La derecha dura española ha pasado de la admiración al régimen nazi a la admiración a los Sabios de Sión. Se ha formado ahora una monumental alianza entre el catolicismo ultraconservador, el sionismo mesiánico y el fundamentalismo protestante. No hay quien los pare. ¿A dónde “irán”?

La violinista en el tejado del Búnker

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)


Juan Gómez Capuz



LA VIOLINISTA EN EL TEJADO DEL BÚNKER

En ese pozo sin fondo que es Internet podemos encontrar múltiples versiones sobre cuál fue el destino real de Adolf Hitler y Eva Braun desde el 30 de abril de 1945. Se ha cuestionado mucho la autenticidad de los restos humanos hallados en el jardín del Búnker y es un hecho sabido que sus principales antagonistas (empezando por Stalin) tenían la certeza de que ambos seguían vivos.

Una línea de investigación seguida por muchos autores es la que los sitúa en un largo periplo en submarino hasta la Patagonia argentina, tras una escala previa en España. Muy bien documentado, aunque ambiguo en sus conclusiones, resulta el reciente libro de los periodistas argentinos Di Nápoli y Salinas Ultramar Sur, publicado por Belacqua. En este libro y otros similares se apunta incluso la connivencia de los aliados occidentales, más preocupados en aquel momento por su creciente enfrentamiento con el antiguo aliado soviético y el surgimiento de la guerra fría.

Todo esto podría parecer historia-ficción, sobre todo si se combina con la leyenda urbana que dice que Hitler es uno de los huéspedes ilustres que habita en una isla (falsamente) desierta en medio de algún océano. Y que comparte tan apacible retiro con estrellas del rock (Elvis, Lennon, Morrison, Cobain, Jacko, quizá Hendrix), estrellas del show-business (Carlos Gardel, Marilyn Monroe, Walt Disney) y mandatarios o aristócratas (JFK, Lady Di, quizá Jesús Gil).

Sin embargo, algunos datos aislados parecen confirmar la hipótesis de su supuesta huida. Por ejemplo, hace poco estaba escuchando un cedé de música clásica (editado por Teldec/Das alte Werk), procedente de una grabación realizada (ojo) en mayo de 1963 en el Opera Studio de Viena por el Concentus Musicus Wien, una agrupación de cámara de tendencia historicista dirigida por el genial bachiano Nikolaus Harnoncourt. Este grupo de cámara (seis músicos) interpretaba piezas de la llamada Escuela o Corte de Mannheim, corriente intermedia entre el barroco tardío, el estilo galante y el clasicismo temprano que floreció en la corte provinciana de la palatina Mannheim a mediados del siglo XVIII, representada por músicos como J.C.Bach, Johann Stamitz, Franz Xaver Richter e Ignaz Holzbauer. Todo ello resulta de lo más inofensivo, pero nos encontramos, vaya sorpresa, que en los créditos aparece una violinista llamada… ¡Eva Braun!

¿Qué significa eso? En primer lugar, el dato objetivo de que Eva Braun estaba viva en mayo de 1963, ergo consiguió huir del Berlín asediado por los rusos. ¿Cómo? Disfrazada de violinista en una inofensiva orquesta de cámara que no molestaba a nadie, más o menos con la misma estratagema de la que se sirvieron Jack Lemmon y Tony Curtis en Con faldas y a lo loco (Some like it hot ). Por lo visto, Eva Braun sabía tocar el violín para deleite de su amante melómano y aprovechó esta contingencia para planificar su huida en tren hacia el sur de Alemania. Desconocemos cómo consiguió huir Hitler, pero parece casi seguro que ambos se encontraron en España. Unos dicen que en Barcelona, otros que en Gijón, pero en todo caso fue una localidad costera en la que los recogió un moderno U-Boot capaz de realizar viajes transoceánicos. También parece casi seguro que arribaron a alguna localidad costera de la Patagonia atlántica argentina. Después de esto, los investigadores difieren: cada vez tiene más adeptos la hipótesis de que se refugiaron en Chile, donde existía una importante colonia alemana y menor control por parte de los aliados angloamericanos. De ahí a la isla desierta donde viven todos los famosos, y que se encuentra en medio del Océano Pacífico o del Índico, sólo hay un paso, por muy friki que este sea.

Pero nos queda una última incógnita. Estando a salvo, bien fuera en Argentina, en Chile o en la masificada isla desierta, ¿cómo se le ocurrió a Eva Braun ir a Viena y aparecer en los créditos con su nombre real? La respuesta tiene que ver con el contexto político de 1963. Estamos en plena Guerra Fría, con una tensión máxima entre Estados Unidos y la URSS tras la crisis de los misiles en Cuba; en Alemania Occidental encontramos antiguos nazis de primera fila tranquilamente reciclados en el nuevo estado capitalista, como el jefe de la contrainteligencia nazi Reinhard Gehlen convertido en jefe de los servicios secretos (BND) o el aviador y jefe de la caza nocturna de la Luftwaffe Josef Kammhuber convertido en inspector general de la nueva Bundesluftwaffe, ya que se necesitaba de militares experimentados (¡) para enfrentarse al nuevo (?) enemigo comunista. En ese contexto a nadie le molestaría que Eva Braun tocara el violín con una orquesta de cámara. Era un asunto menor. Además, ¿qué mejor sitio para reaparecer que Viena, la capital del Anschluss, la ciudad de la música, la ciudad donde murieron Vivaldi y Beethoven, la ciudad donde triunfaron Mozart y Schubert, la capital de la patria de su amado Führer, la ciudad donde Adolf iba a ver los ensayos de la Filarmónica dirigida por Mahler? Porque en Viena sólo importa la música.

El otro botellón del viernes (Historia de una avalancha)

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABALDOR"
(IV : 2010)


Juan Gómez Capuz



EL OTRO BOTELLÓN DEL VIERNES (HISTORIA DE UNA AVALANCHA)

El primer viernes tras acabar 2º de Bachiller, después de celebrar su graduación como Bachilleres y antes de enclaustrarse para preparar la Selectividad, nuestros jóvenes decidieron darse un homenaje y pasar una noche de fiesta. Como entre nuestros jóvenes cada vez prima más ese “pensamiento único” que la publicidad, los medios de comunicación y los políticos (todos ellos dignos herederos de Goebbels) quieren inculcar entre las masas, resulta que todos los jóvenes de la provincia de Valencia decidieron acudir al mismo local, deslumbrados por una apabullante y engañosa campaña de márketin. Obviamente, se trataba de una nueva macrodiscoteca recién estrenada, con nombre de árbol exótico, y que ocupaba un amplísimo espacio con amplias terrazas al aire libre. El aforo del local era amplio, pero entre el overbooking consentido por los organizadores y la picaresca de las entradas falsas, se vendieron 8.000 entradas cuando a lo sumo cabían 4.500 ó 5.000 personas. Ésa fue la causa del desastre.

Lo cuento en primera persona porque mi gran error consistió en acompañarles.

El inicio ya fue bastante lamentable, con un penoso traslado en autobús, de noche, por carreteras comarcales mal iluminadas y, sobre todo con continuas reprimendas por parte de un autobusero alarmado por un humo que cegaba sus ojos y que delataba relajantes efluvios jamaicanos.

A la llegada nos encontramos con cientos de autobuses repletos también de jóvenes. Demasiada gente, pensamos todos. Al principio a mis alumnos no pareció preocuparles, pues su inmediato objetivo, ya consuetudinario, era hacer un macrobotellón en el abandonado polígono industrial que circundaba la macrodiscoteca. Para ello nuestros jóvenes se habían provisto del líquido elemento, a medias refrescante y espirituoso, que consiguieron camuflar como pudieron en el portaequipajes del autobús pese a las protestas del conductor. El botellón transcurrió por sus cauces habituales, mezclando refrescos y alcohol sin demasiada ortodoxia del buen gusto y con un afán por la experimentación de nuevas e inauditas mezclas que superaba el nivel alcanzado en ámbitos similares por Flippy y Ferran Adrià.

Ya más contentitos (o más “a gustito”, como dijo aquél), hacia las dos de la mañana, nuestros jóvenes decidieron que ya era hora de intentar entrar en la macrodiscoteca. Tras recorrer varias manzanas de naves industriales abandonadas, intentando esquivar los restos del botellón colectivo, contemplamos que la cola para acceder al local superaba con creces a cualquier cola del paro en una gran ciudad hoy en día. Apiñados en una masa informe, se encontraban miles (y no exagero) de jóvenes ya pasaditos de alcohol, pastis, THC y sueño. Sólo había un acceso y los guardias de seguridad lo controlaban con mano de hierro (y tampoco exagero): aunque ni lo vi ni lo sufrí, me contaron que estos guardias de seguridad (la policía local ya tenía bastante con controlar el caótico tráfico de los accesos) emprendían de vez en cuando expediciones punitivas (en lenguaje políticamente correcto, “ataques preventivos”) contra esa multitud de jóvenes cada vez más inquietos, blandiendo sus cachiporras para aplacar los ánimos del personal.

Pero el problema más gordo vino poco después, cuando esa masa rebotada y descontenta, con los ánimos ya alterados a base de porros y de porras, decidió entrar por la fuerza en el local a modo de avalancha y poner en práctica lo que Ortega (no el de antes) llamó “la rebelión de las masas”. Nunca había sido protagonista anónimo de una avalancha, ni siquiera en partidos de fútbol o conciertos de rock, y puedo asegurar que es una experiencia que te incita a no repetir jamás. En una avalancha, las teorías del pensamiento único se hacen realidad: el individuo pierde toda su esencia y queda diluido como un eslabón más de una inmensa marea humana sin corazón ni pensamiento; ahora comprendo mucho mejor la psicología del hombre-masa y cómo funcionaban aquellas mastodónticas concentraciones humanas del partido nazi o, a escala menor, las horteras demostraciones pseudogimnásticas del franquismo y el bloque soviético. Cuando te encuentras atrapado en una avalancha que “se mueve”, nada importa tu voluntad sino que te mueves al ritmo de la masa, como en una inmensa y poco preparada coreografía tipo Thriller : tu único afán como individuo es no perder la verticalidad para evitar ser arrollado por la colectividad y conservar un mínimo de aire y espacio vital con un frenético braceo, como el náufrago que chapotea a la desesperada. En pocos segundos adquieres la convicción que sólo siendo un eslabón más de esa masa informe conseguirás salvarte. Al final, la avalancha duró relativamente poco y fue lo suficientemente intensa como para desbordar las defensas de los guardias de seguridad, los cuales no tuvieron más remedio que dejarnos pasar a todos.

Una vez dentro de la macrodiscoteca, con el corazón latiendo muy deprisa y la adrenalina por las nubes, con los brazos doloridos por el enérgico braceo de supervivencia, piensas que te has salvado de una buena. Y encima no era para tanto. La macrodiscoteca, a pesar de ocupar una superficie muy extensa, también se encuentra atestada de gente, con un continuo choque entre los que quieren entrar y los que quieren salir. Ya no hay avalanchas, pero debes seguir teniendo cuidado, sobre todo porque la superficie del local está salpicada (nunca mejor dicho) de pequeños estanques llenos de agua en los que puedes caer si no estás muy atento. La verdad es que la decoración del local era el colmo de lo hortera y el mal gusto, como una versión kitsch de los jardines colgantes de Babilonia mezclada con la mansión de nuevos ricos que aparecía en la película El guateque (pero sin elefante).

Para colmo, la avalancha me había separado de mis alumnos y aunque di mil vueltas, fui incapaz de encontrarles. Y cansado de este trote, salí de él. Cogí un taxi (que me costó un pastón) y volví a casa.

Ventajas de la TDT (la TDT, ese gran invento)

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)



Juan Gómez Capuz



VENTAJAS DE LA TDT
(LA TDT, ESE GRAN INVENTO)

A principios de abril se completó en todo el territorio nacional la implantación de la televisión digital terrestre, más conocidas por sus siglas TDT. Según sus propagandistas, este nuevo modo de recepción de la señal televisiva permite una mejor calidad de imagen y una mayor oferta de canales de los que se disponía hasta ahora. Ahora bien, pasados ya unos meses desde la llegada de la TDT a las grandes ciudades, nos podemos preguntar si realmente esta innovación ha supuesto una verdadera mejora de la oferta televisiva. En otras palabras, ¿qué tipo de canales son los más habituales en los formatos estándar de la TDT? (exceptuando, por tanto, a aquellos consumidores que disponen de otros tipos de canales de pago).

Si nos fijamos con detalle, veremos que una de las grandes “novedades” de la tan ansiada TDT ha sido la proliferación de canales fachas. Se trata de canales de orientación ultraconservadora cuya programación se basa casi exclusivamente en “falsos debates”. Y digo “falsos debates” porque no se trata, ni mucho menos, del esquema que estamos acostumbrados a ver en programas como La Noria, de Tele 5: en La Noria encontramos un debate acalorado y violento, casi a muerte (como en OK Corral ) entre dos bandos de tres ¿periodistas? cada uno, como si se tratara de una versión bonsái (o quizá banzái ) de la Guerra Civil española, como si fueran las dos Españas; hay que reconocer que la mayoría de estos tertulianos se ganan el sueldo, más que por las ideas que defienden, por el modo como las defienden, chillando, gritando, insultando y amenazando con marcharse del plató. Y casi siempre son los mismos: Copito de Nieve, Mini-yo, el Delfín, MAR, la Maripuri de colegio de monjas, el Fotógrafo y alguno más que normalmente calienta banquillo, a los que debemos sumar un moderador que más que moderar se dedica a ir de vedette y sólo se escucha a sí mismo, pues debe de tener una autoestima muy alta. Todo lo contrario sucede en los “falsos debates” de los canales fachas de la TDT: aquí también encontramos seis tertulianos, pero no se enfrentan apenas porque los seis son del mismo bando y lo que hacen es sumar argumentos a favor de la misma causa; aquí también encontramos un moderador que más que moderar se dedica a echar más leña al fuego, que resulta ser el más cañero de los siete, sobre todo si se trata del jovencito moreno y atildado con apellido similar al pueblo natal de Hitler. Si los debates de La Noria te producen un subidón de adrenalina y la adhesión clara a alguno de los dos bandos, los falsos debates de los canales fachas te hacen desistir de cualquier tipo de oposición ante la pléyade de argumentos en un solo sentido. Me recuerdan al refrán “si no puedes con tu enemigo, únete a él” o, más aún, a aquel chiste de Gila: “Iba yo con mi mujer por la calle y vi a cuatro grandullones que le estaban pegando a un hombre canijo. Y le dije a mi mujer: ¿me meto o no meto? Me metí y entre los cinco le dimos una paliza que no veas”. Es decir, que si ves a menudo estos falsos debates de los canales fachas, al final acabas pensando exactamente igual (no toleran la menor disidencia, como paradójicamente ocurre también en la izquierda más radical) como esos siete tertulianos sin piedad.

Si decides zapear en la nueva TDT para huir de los tertulianos fachas, lo más probable es que acabes en un canal de teletienda, es decir, un canal que se dedica las 24 horas del día a anunciar los productos más inverosímiles con la excusa de que son esenciales para la vida cotidiana o que te garantizarán el éxito y la felicidad. Lo curioso es que aunque te sumerjas durante un día entero en un canal de teletienda, verás siempre la promoción de los mismos productos, cuyas virtudes acabarás aprendiéndote de memoria. Sin duda alguna, mis favoritos son el Jes-Extender, maravilloso artilugio copiado de las tribus africanas y amazónicas que te permite obtener lo que la Naturaleza no te ha dado y Salamanca no te ha prestado; la baba de caracol, viscoso subproducto de los gasterópodos que por lo visto vale tanto para adelgazar como para mantener un cutis joven y firme; y, sobre todo, la variada gama de dietas milagro y artilugios gimnásticos anunciados con convicción por actores olvidados de tercera fila y famosillos de realities venidos a menos. Los actores y famosillos citados son también los protagonistas de los extraños concursos de madrugada con preguntas dificilísimas (concursos que también ocupan toda esa franja de ultimate time en canales más convencionales como Tele 5 o La Sexta), generalmente reforzados por starlettes de regional preferente que lavan la ropa en agua caliente y luego les queda un par de tallas más pequeña.

Pero lo que, sin duda, más me fascina de la maravillosa oferta que podemos encontrar en la TDT son los canales de radio donde sólo se escucha la voz (el audio dirían los pedantes) y la pantalla se queda completamente en negro (un fundido en negro dirían los pedantes). De nuevo me viene a la mente un chiste de Gila, que hablaba de un pariente suyo que pretendía inventar la radio en colores: se pasaba el día dando frenéticos brochazos de pintura al aire y diciendo “el día que pille la onda, verás”. Porque, vamos a ver, ¿quién es el lumbrera capaz de aguantar una hora escuchando a los tertulianos de la radio (que además son mucho más peligrosos que los de la TDT) sin ver absolutamente nada en la pantalla del televisor? ¿Un friki siniestro o gótico, quizás, que siente veneración por el color negro? ¿O alguien que quiere recordar los momentos en los que se ha ido la luz y nos hemos tenido que contentar con la voz que salía de un modesto transistor de pilas? ¿No sería más consecuente apagar del todo la tele y encender la radio?

En fin, estos son los avances y las ventajas que nos ha traído la TDT, ese gran invento.

Las clones de la Esteban

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IV: 2010)


Juan Gómez Capuz



LAS CLONES DE LA ESTEBAN

El boom mediático que ha experimentado Belén Esteban ha sorprendido a muchos analistas, tertulianos y al público en general. Se le ha llamado “la princesa del pueblo”, su presencia es imprescindible en ciertos pseudoprogramas de televisión y se la suele considerar un caso singular, inaudito (pese a lo que chilla), una perla no cultivada que se encuentra rara vez dentro de una ostra.

Pero, en el fondo, si analizamos con un poco de detalle la sociedad urbana española actual, nos daremos cuenta de que Belén Esteban no es única, sino que es el típico producto de un determinado estrato sociocultural. No es que ahora hayan surgido imitadoras de la Esteban, sino que la Esteban es una más de ese grupo. Como mucho, se podría decir que son productos clónicos, surgidos del mismo caldo de cultivo (de agua estancada), que son las “clones de la Esteban”. Intentaremos por tanto, ofrecer una radiografía o descripción biológica de esta nueva subespecie a la podríamos denominar, parodiando a Linneo, homo paulum sapiens Bethlem Stephani .

Las clones de la Esteban, como buen producto clónico surgido de una sociedad uniformada, apática y acrítica que cada vez se parece más a la que dibujaron Huxley en Un mundo feliz y Orwell en 1984, tienen una apariencia física bastante similar. Suelen tener el pelo greñudo, rubias de bote mal tintadas con mechas horrible hechas sin querer por una peluquera de tercera. Las facciones duras (poco femeninas para mi gusto pequeñoburgués), prematuramente ajadas por vivir la vida a tope desde que eran unas crías (como luego veremos). Su boca es grande porque se ha ido adaptando biológicamente para poder chillar mucho, ya que ellas basan su argumentación no en la riqueza de los argumentos ni en la corrección idiomática sino en el volumen de la voz y algunas modulaciones particulares (por ejemplo, separar mucho las sílabas, pues parece que los enunciados largos quedan lejos de su corto alcance y necesitan fragmentarlo en unidades menores, como cuando dicen “por mi hi-ja maa-to”). Además de tener la boca grande, suele ser habitual en ellas hincharse los labios con silicona o bótox, no sé si para parecer más atractivas o para dar más miedo a sus rivales (generalmente mujeres como ellas, con las que discuten acaloradamente, como si fueran una colonia de bonobos hembras). Desde muy jóvenes, también se hacen implantes de silicona en los pechos, generalmente en la clínica semiclandestina de un dudoso cirujano plástico hispanoamericano en un polígono abandonado. Para que se note más, suelen llevar un sujetador de varias tallas más pequeño (como hacen las mujeres que salen en los concursos nocturnos de la tele): de esta manera, aunque las clones de la Esteban te produzcan alergia, no puedes evitar posar tu mirada en esos dos conos volcánicos que amenazan con desbordar las diminutas copas del sostén y explotar en un colosal Big Bang venusiano (de Willendorf), mucho más potente que los experimentos de Flippy y Ferran Adrià con nitrógeno líquido. Otro rasgo físico que personalmente me espanta es la querencia de estas clones por los tatuajes y los piercings : llevan tatuajes hasta en el sobaco y piercings en los lugares más inverosímiles, como cejas, aletas de la nariz, labios (¡y no se les sale la silicona!), ombligo y otros que ocupan una posición más meridional… . La verdad es que no sé cómo se las apañaran para pasar por el detector de metales de un aeropuerto o para hacerse un TAC. En cuanto a complementos, llama la atención que casi todas las clones de la Esteban prefieran las gafotas de sol de espejo tipo antifaz, tops ceñidos que ponen de manifiesto el piercing del ombligo… y todas las lorzas, así como botas de caña alta (aunque sea verano). Todas las clones de la Esteban tienen esos mismos rasgos físicos e indumentaria, los cuales actúan a manera de uniforme de una sociedad igualitaria por lo bajo. El balance de todos esos rasgos nos hace pensar en una versión de regional preferente de Pamela Anderson y Angelina Jolie metidas de extras en una secuela barata de Mad Max .

En cuanto al carácter y la formación académica, ya nos podemos imaginar. Las clones de la Esteban suelen ser mujeres muy bastas, tremendamente incultas y que a menudo presumen de ello. Han crecido en barrios obreros en la periferia o el cinturón industrial de las grandes ciudades y piensan que la cultura es un lujo y una mariconada. Y vuelvo a insistir que no se trata de un ataque particular a Belén Esteban, sino que hay cientos de miles de mujeres así en este país y que cada vez son más, a causa de los pésimos planes de estudio que cambian por interés político cada cuatro años y a causa de una subcultura audiovisual que no siente el menor interés por la cultura seria y escrita ya que sólo se complace en ver por la tele las miserias de los que son igual incultos. Con tan pobre bagaje académico (muchas de las más jóvenes no tienen la ESO, pero es que las clones treintañeras no tienen ni siquiera el graduado escolar de la EGB) y sin apenas especialización profesional, sólo son capaces de sobrevivir con trabajos poco cualificados de salario ínfimo. Quizá esa marginación social modele su carácter: como hemos dicho, son bastas, groseras, chillonas, verduleras (con perdón para las verduleras), arrabaleras, peleonas, violentas, voncingleras y malhabladas. Suelen ir en grupo (como sus equivalentes masculinos) porque saben que sólo pueden vencer por la superioridad numérica y por el atronador volumen de su voz: dan miedo cuando ves una jauría de clones de la Esteban en un centro comercial, que es su hábitat más frecuentado.

A la hora de buscar pareja, las clones de la Esteban lo tienen muy claro: buscan un hombre de su mismo estrato sociocultural y, a poder ser, que sea más basto, inculto, violento y malhablado que ellas, una especie de macho dominante. Son como la mujer de aquel anuncio de Busco a Jacqs y luego nos sorprendemos de que haya tantos casos de violencia de género. Paradójicamente, pueden tolerar al mariquita de barrio que es más fashion victim que ellas, que tiene más cultura y mejor gusto que ellas, y lo aceptan casi como a un@ más del grupo (creo que no hace falta poner un ejemplo cercano a Belén Esteban). En cambio, suelen tener una inmensa ojeriza hacia los hombres heterosexuales (lo detectan en seguida cuando nos ven seguir la caótica evolución de sus pechos de plástico) que tenemos un nivel cultural alto y, para más inri, aficiones artísticas. Su escasa capacidad intelectual es incapaz de comprender que haya hombres que, sin perder sus gustos naturales, vayan más allá de la más pura animalidad y que dediquen más tiempo a leer libros y tocar el piano que a ver telebasura o ir al gimnasio. Nos miran como a bichos raros (quizá porque ellas no se atreven a mirarse en el espejo después de haber salido de la clínica del cirujano maligno), nos ignoran y desprecian nuestros gustos. Pero no nos importa: casi es un elogio.

Los institutos de educación secundaria de las grandes ciudades, de su periferia industrial o de las ciudades fabriles del interior de algunas provincias son los viveros donde se crían a gran escala las alevines de clones de la Esteban. Es fácil identificarlas por su uniforme: gafotas de sol tipo antifaz, tatuajes por todo el cuerpo, piercings ubicuos (algunas presumen en voz alta hasta de llevar piercings en el chumino), pechos de plástico que sus padres les han regalado por suspender sólo seis asignaturas, tops que dejan al descubierto la joya de la corona que es el piercing del ombligo. Es fácil identificarlas por su incultura y comportamiento: pasan de todo lo que huela a cultura, comparten entre dos los auriculares de un MP3 mientras el profesor está explicando, se llaman “amigablemente” entre ellas con palabras de cuatro letras como p*** , quizá porque su riqueza léxica no da para más; y si surge un conflicto por el macho dominante de la tribu (su precocidad sexual es de escándalo), no dudan en pelearse en medio de la clase, estirándose del pelo y diciéndose de todo mientras los chicos contemplan atónitos el espectáculo y echan de menos que no haya un ring con barro.

Por tanto, me reafirmo en mi tesis inicial: no hay una sola Belén Esteban. Sus clones son infinitas.

Malentendidos

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(III: 2009) "Making Friends" Special Edition



Juan Gómez capuz



MALENTENDIDOS

En estos nuestros días, la sociedad de la información ha alcanzado cotas inigualables, impensables, inenarrables, tan sólo hace diez años. Y todo hace preveer que esta evolución siga con idéntico ritmo vertiginoso. Pero también es cierto que últimamente hemos asistido a un proceso de degeneración de los procesos comunicativos, no sólo desde el punto de vista ético, sino también desde la perspectiva más aséptica de la teoría de la información: no hay mensaje, por pulcro y perfecto que sea el medio (prensa, radio, televisión, internet), que no venga cargado de ruidos e interferencias que dificultan e incluso vuelven del revés su correcta interpretación: son los malentendidos, malas interpretaciones, interpretaciones maliciosas o tendenciosas y otros tantos términos que se utilizan para ocultar que lo dicho no es lo comunicado y que el medio no es el mensaje.

Porque a veces uno tiene la inquietante sensación de que más de la mitad de lo que aparece en un periódico se dedica a conjeturas sobre lo que realmente quiso decir Fulanito, de cuáles eran sus intenciones ocultas o de la carga nuclear que albergaban sus palabras, aunque se tratara de una simple oración simple más o menos bien construida y generalmente sacada de contexto; como si el lenguaje fuera tan arbitrario como pensaba Humpty-Dumpty y como si, finalmente concluía el ovoide semiólogo, lo importante no es lo que significan las palabras sino quién manda aquí. Manda huevos.

Y todo ello, repito, resulta extraño en nuestros días, pues cualquier conocedor de los rudimentos de la teoría de la información sabrá que cuando más perfecto es el sistema comunicativo, menor cantidad de ruidos e interferencias debe haber. O al menos, buenas cantidades de dinero han invertido durante medio siglo las compañías de telecomunicaciones para que así sea. Es decir, que el perfeccionamiento de los sistemas comunicativos y la disminución del ruido y la interferencia deberían mantener una relación directamente proporcional. Y sin embargo ambas variables divergen de tal manera que tienden hacia una relación inversamente proporcional. Ahora bien, como la teoría de la información es una ciencia exacta (a diferencia de nuestras queridas y menospreciadas humanidades), si esto no cuadra es porque falla algo. Y en consecuencia se impone una única hipótesis rectificadora: que los ruidos e interferencias no sean tales, sino una manera sutil y maquiavélica de disimular mensajes poco recomendables; en suma, una forma ultramoderna y cibernética del viejo refrán de tirar la piedra y esconder la mano, aunque la piedra y la mano sólo sean virtuales, o como mucho verbales, pues algo hemos evolucionado respecto del homo antecessor que salía en 2001 y respecto de nuestros tatarabuelos de las pinturas negras de Goya.

Los clásicos, hoy en día también menospreciados, ya dijeron que es humano errar, y del acervo popular también extraemos la idea de que también es humano tropezar dos veces en la misma piedra. Aunque en esos casos se supone la buena intención (como el valor), por parte del ser humano. Pero nuestro inigualable refranero pone el dedo sobre la llaga, cuando en una síntesis perfecta de culteranismo y conceptismo, afirma que el ser humano -y quizá mayormente el español- se sirve con frecuencia de la prevaricación y donde dije digo, digo Diego, e incluso Santiago, Jaime, Yago y Jacobo . Sí, ya sé que también es humano desdecirse e incluso que rectificar es de sabios, pero aquí entra con facilidad la mala intención. Y parece ser que lo que enturbia el correcto proceso comunicativo de muchos mensajes recientes emitidos por políticos no es un fallo cibernético sino una voluntad de sembrar cizaña, maledicencia, mala intención y mala fe, que después el emisor transforma hábilmente en una confusión sin importancia, a la vez que en un gesto de victimismo atribuye la magnificación del error a la saña con que lo persiguen sus enemigos y detractores. Y aquí ya no queda el recurso a Shannon y Weaver, ni siquiera a MacLuhan, sino directamente a Maquiavelo como facedor de entuertos y a Voltaire como desfacedor de ellos.

Que cuando dije hilo y aguja para la mujer y látigo para el varón, el fin justifica los medios, un monarca, un imperio y una espada, la religión es el opio del pueblo, el trabajo os hará libres, delenda est monarchia, el que no está conmigo está contra mí, Dios ha muerto, somos una unidad de destino en lo universal, más vale morir de pie que vivir de rodillas, del rey abajo ninguno, tan sólo quería glosar algunos pensamientos célebres y exhibir un poco de culturilla, para que no se piensen que soy como esos famosillos semianalfabetos que salen en la tele en los programas de marujeo, que yo tengo mi carrera de Derecho, que me costó diez años sacarla porque me estudiaba los temarios por partida doble.

Que cuando dije la mujer con la pata quebrada y en casa, otra guerra es lo que haría falta, quien con niños se acuesta mojado se levanta, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, con su pan se lo coman, ojo por ojo diente por diente, quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, tan sólo quería mostrar la sapiencia popular que encierra nuestro refranero así como su innegable vigencia actual; y que esas cosas también las dijeron Celestina, Lázaro de Tormes y Sancho Panza y nadie les ha recriminado nada sino que, al contrario, los ponen como ejemplo para nuestros hijos.

Que cuando di vítores a Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, Fidel Castro, Pinochet o Gadaffi, no tenía la más mínima intención de suscribir el testamento político de estos grandes estadistas, ni de aprobar sus métodos de regulación de la población, ni de simpatizar con sus ideologías ligeramente alejadas del centro político. Tan sólo quería épater le bourgeois, mostrar una brizna de inconformismo hacia el sistema, coquetear con las filosofías del underground y con las masas trabajadoras que disfrutan del deporte rey; y que eso también lo hicieron muchos escritores y estrellas del Rock, y bien que los citan en los libros de Historia y los jóvenes los llevan en sus camisetas.

Que todo eso lo dije por hacer una gracia, aunque haya caído en desgracia, porque pensaba que la política era muy aburrida y que hacía falta un poquito de sal y pimienta.

Que hice públicos pensamientos privados, y reconozco que eso no está bien en un personaje público; que metí la pata por pensamiento, obra y omisión, que ha sido mi culpa, mi culpa y mi gran culpa, que he sido infiel a los estrictos mandamientos del lenguaje políticamente correcto y que pido sinceramente disculpas a quien hubiere podido ofender.

Que soy humano, soy imperfecto, que de vez en cuando se me va la olla (como a los mejores cocineros), se me cruzan los cables (como a los mejores electricistas) y se me va la bola (como a los mejores futbolistas).

Que los de tal periódico y los de tal emisora me tienen manía, van a por mí, me la tienen jurá, soy objeto de acoso y derribo, soy carne de cañón, miran con lupa todo lo que yo digo, me espían, pinchan mis teléfonos (e incluso un monigote con mi foto, como si fuera un vudú ), que todo lo que digo me lo malinterpretan, malentienden, malversan y maltratan, que me siento como en el show de Truman, que a los políticos nos hacen como en Luz de Gas y en Gran Hermano (y que no se dan cuenta de que el Gran Hermano somos nosotros), que no hay derecho, que esto es una injusticia y que me quiero ir con mi mamá.

Y devolviendo la pelota al otro tejado, es justo advertir que, cuando los periodistas recogen con fruición estas declaraciones innaturales y perversas que llenan sus diarios, telediarios y ciberdiarios, deberían recordar que existe libertad de opinión y pensamiento, y que no es justo medir con distinta vara a los seres marginales (a los que siempre se les permite todo) y a los políticos y los profesores (que siempre salimos mal parados), y que no echen más leña al fuego, que la cosa está que arde, ni más gasolina, que está muy cara. Y sobre todo, que no es lo mismo lo dicho que lo comunicado. O en palabras de Voltaire, con dos siglos de adelanto sobre Grice y Ducrot, que cuando un diplomático dice quiere decir quizá, que cuando dice quizá quiere decir no y que cuando dice no deja de ser un diplomático (aunque en comparación con los casos mencionados, el ejemplo del diplomático sea casi ejemplar en lo ético y en lo pragmático). Porque no estaría nada mal que los periodistas y los columnistas (incluyendo a los quintacolumnistas) se leyesen algún manualito de Pragmática, aunque también hay otras prioridades y antes deberían leerse sendos manualitos de Ortografía y Gramática. Y sólo entonces podrán lanzarse a la compleja de tarea de interpretar lo que han querido decir los demás. Porque de lo contrario, los árboles no nos dejarán ver el bosque, y los ruidos e interferencias impedirán entender correctamente los mensajes, aunque ya no haya apenas ni árboles ni bosques y los mensajes puedan transmitirse en un sólo segundo al mundo entero.

 
(Publicado originariamente en la revista Agua, 36, Cartagena, octubre 2001)