viernes, 3 de abril de 2015

Mis doce meses en Meetic y en Ofiuco

LOS ARTÍCULOS DE "EL POBRECITO HABLADOR"
(IX: 2015)

Juan Gómez Capuz


MIS DOCE MESES EN MEETIC Y EN OFIUCO

Hace algunos años tuvo bastante éxito en internet un blog titulado “Mis seis meses en Meetic”, redactado por un hombre, A.N., que se movía en la zona de Alicante. En este artículo, yo pretendo cudruplicar la apuesta, puesto que hablaré de mis doce meses tanto en Meetic como en una agencia matrimonial a la que llamaré Ofiuco, en la zona de Valencia.

En su blog, A.N. ponía de manifiesto que las mujeres que se apuntaban a Meetic se movían sólo por intereses económicos, tratando de cazar un buen partido. En mi caso, la queja va en otra dirección de los intereses materialistas: las mujeres registradas en Meetic se mueven sólo por el físico de los hombres, tratando de cazar un buen “maromo”, mientras que otras cualidades que tradicionalmente caracterizaban a un “buen partido” (empleo estable, posesión de viviendas, nivel cultural alto, etc.) pasan a segundo o tercer plano, o incluso se convierten en una rémora. Parece que las mujeres de 30-45 años aplican criterios estrictamente neodarwinistas y eugenésicos a la hora de encontrar pareja por internet, están obsesionadas con la estatura, el aspecto físico y su impacto en la genética de los hijos futuribles y ponen como condición sine qua non para contestar que el hombre ponga una foto suya, cuando muchas no ponen su foto o su figura aparece distorsionada. A quienes no les guste la metáfora biologicista del neodarwinismo, quizá porque son progres o neonazis entusiastas de Nietzsche y de sus teorías sobre el triunfo de los más fuertes al margen de cualquier ética, propongo una segunda lectura metafórica de signo anticapitalista, que está más de moda. Las relaciones personales entre hombres y mujeres se han convertido en estos últimos 30 años en un auténtico “mercado de la pareja”. Al igual que hoy en día, quien queda fuera del mercado laboral lo tiene muy difícil para volver a entrar en él, quien queda fuera del mercado de la pareja queda fuera para siempre y resulta casi imposible subirse al carro. Y en ese “mercado de la pareja” lo único que cuenta ahora es la apariencia física. Es cierto que siempre existió, sobre todo en los pueblos y en las pequeñas capitales de provincia, un cierto mercado de la pareja, con sus bailes y “tontódromos”, pero en aquella época se catalogaba a un hombre como un “buen partido” en función de múltiples factores, como los citados antes de empleo, formación intelectual y posesiones de bienes inmuebles, y por tanto los criterios eran más laxos y flexibles. Esa divergencia generacional explica que, en diversos centros de trabajo, las mujeres de 60-65 años me consideren un buen partido (empleo fijo, nivel cultural alto, inquietudes artísticas, músico, escritor, bloguero, editor) mientras que las compañeras de 35-45 años (que son las que realmente cuentan como potencial pareja) siempre me han visto como un "divergente", un friki asexuado recién salido de The Big Bang Theory.

Veamos ahora estos postulados neodarwinistas y neoliberales en las mujeres registradas en Meetic. Para quien no haya entrado allí, los datos que ofrece una persona registrada en Meetic se dividen en tres grandes bloques: “Mi perfil/¿Cómo soy yo?”, “Mi estilo de vida” y “La persona a quien busco”. Los dos primeros bloques hacen referencia al propio sujeto y el tercero a la pareja deseada. Pues bien, resulta que muchas mujeres de Meetic dejan prácticamente en blanco casi todos los campos de los dos primeros bloques. Como mucho, sólo ponen su signo del zodiaco (algo que también apunta A.N.). ¡Y a mí qué coño me importa su signo del zodiaco! No soy Rappel ni uno de esos videntes de tres al cuarto que salen a las tres menos cuarto de la madrugada estafando a los noctámbulos. En cuanto a las pocas que consignan su profesión, destaca la gran abundancia de "ejecutivas": para mí, que la mitad de las que ponen eso están en el paro (o como mucho repartirán propoaganda). Como he apuntado antes, pocas mujeres ponen foto suya y si la ponen está tan difuminada que resulta imposible saber cómo es ella. Eso sí, todas las mujeres advierten que no contestarán a ningún hombre que no ponga foto ni rellene todos los campos de su cuestionario, con lo cual encontramos algo habitual en los foros y agencias para encontrar pareja que es el doble rasero a la hora de medir a hombres y mujeres. Por cierto, que a pesar de poner foto y rellenar todo el cuestionario, cuando envías algún mensaje a alguna mujer, casi nunca te contesta (no es solo una experiencia personal, sino que también la constatan muchos hombres que comentan el blog de A.N.). El único dato personal donde las mujeres se emocionan y se explayan a sus anchas es la sección donde pueden expresar cómo son y qué tipo de pareja buscan, y lógicamente toda la información se refiere a su “pareja ideal”. Aunque luego se muestren mezquinamente materialistas, en esta sección se expresan con un lenguaje más etéreo que una poesía pura de Juan Ramón Jiménez con música de Enya. Una de las expresiones más recurrentes es “Quiero encontrar un hombre que me lleve a la Luna”. A mí se me ocurrió contestar a un par de ellas diciéndoles “Pues búscate un astronauta”, y esta vez sí me contestaron: me dijeron de todo menos guapo. Eso sí, en el bloque de “La persona a quien busco” las mujeres registradas en Meetic se sueltan el pelo. Rellenan todos los campos y aquello parece la carta a los Reyes Magos. Uno de los datos que más me ha llamado la atención es que normalmente buscan hombres de la misma edad o más jóvenes, de manera que una mujer de 40 busca hombres entre 35 y 40, cuando tradicionalmente el hombre solía ser algunos años más mayor. En cambio, si tienes cierta edad pero aparentas menos (como es mi caso), les parece horroroso y te espetan que esperaban encontrar a "un hombre de verdad y no a un jovencito aniñado". Pero el dato estrella (y donde yo me he estrellado más veces) es la estatura: todas las mujeres, incluso las más bajitas, buscan hombres altísimos. A la hora de consignar la estatura, existe un término inferior y un término superior, pero muchas mujeres solo indican el término “inferior”, que sitúan en 1,80 metros de altura. Al no marcar el término superior, el programa informático de Meetic lo “verbaliza” por defecto en un contundente “Estatura: 1,80 mínimo”, formulación leonina que parece más propia de los requisitos a una oposición de bombero o policía que a la búsqueda de una pareja. Sólo tendrán opciones los jugadores de baloncesto. Obviamente, cuando escribes a una mujer para hacerle ver que no son formas, te contesta de todo menos guapo. Lo de la estatura es un handicap insalvable y además las mujeres te lo plantean en los más estrictos términos neodarwinistas, eugenésicos y de selección natural: una de ellas me lo "justificaba" diciéndome “es que con tu estatura los niños saldrían muy bajitos”; yo intenté contrargumentar diciendo “pero también saldrían muy inteligentes”, a lo que ella contestaba desarbolándome “ya, pero eso no compensa”. Su actitud me recuerda al "gen egoísta" de Richard Dawkins, un estusiasta de Darwin y Nietzsche. Ahora que tantos colectivos se la cogen con papel de fumar y se querellan contra humoristas o asistentes a un partido de fútbol (dos colectivos por los que siento gran empatía), yo propongo que los hombres bajitos de Meetic creemos una plataforma llamada Meetic-leaks y “filtremos” los nicks (eso daría para otro artículo, porque la mayoría son para llorar) de las mujeres que buscan hombres altísimos y nos marginan de entrada a los más bajitos. El problema es que, como me temo que la mayoría de los hombres bajitos de Meetic seremos varones caucásicos, heteros y con estudios, ningún medio de comunicación (sobre todo Tele 5) nos hará ni caso, pues no les cabrá en la cabeza que podamos ser objeto de algún tipo de marginación y lo considerarán una actitud políticamente incorrecta por nuestra parte. Y menos caso nos harán todavía esos caballos de Troya llamados oenegés, para quienes somos el origen de todos los males que aquejan a la Humanidad y que solo ayudan a los hombres de otras culturas que son los que de verdad sojuzgan a sus mujeres. 

Creo, por tanto, que las mujeres de Meetic no acabn de ser conscientes de que los hombres de Meetic somos muy mediocres físicamente, porque si fuéramos algo mejores buscaríamos mujeres en campo abierto o nos apuntaríamos a E-Darling, que es para “solteros exigentes” (tiemblo sólo de oir esa expresión). Además, cuando consigues ver algo en la foto de su perfil o incluso conocer en persona a alguna mujer de Meetic, te das cuenta de que ellas tampoco son para tanto. En conclusión, que las mujeres registradas en Meetic sólo buscan astronautas y jugadores de baloncesto. Pues entonces lo llevo claro.

La mención a lo políticamente incorrecto me lleva a otra cuestión que no me gusta de Meetic: la censura y la diferente vara de medir para hombres y mujeres. Cada vez que, abrumado por los fracasos, intento retocar los contenidos de la sección “cómo soy y qué tipo de pareja busco”, me encuentro con que el más leve añadido aparece marcado en rojo con la amenazante etiqueta “pendiente de evaluación”. Eso quiere decir que hay trabajadores de Meetic que se dedican día y noche a censurar los perfiles de miles de personas (sobre todo de los hombres, ya que como algunos son muy brutos, pagamos justos por pecadores y ahora todos somos “sospechosos habituales”). Como soy escritor y tengo mucha imaginación, me figuro a esos anónimos censores en una gigantesca mansión de Boulogne (su sede fsical) rodeada de bocage, a modo de Bletchley Park del Amor, interceptando y censurando continuamente mensajes en nombre de ese nuevo dios que es “lo políticamente correcto”. Confieso que yo mismo he sido censurado en varias ocasiones, por decir que tenía un trabajo fijo y dos viviendas (supongo que me censuraron por ofrecer datos demasiado materialistas, pero ¿no es también materialista buscar hombres más jóvenes y de 1,80 mínimo?) o por señalar la zona de la ciudad donde vivo. Estos censores, como suele ocurrir con esa profesión, no tienen el más mínimo sentido del humor y cuando en un arranque de desesperación y "suicidio social" se me ocurrió introducir el comentario “Busco a una mujer a la que no le importe el tamaño (ni de estatura ni de lo otro)”, me lo censuraron de inmediato (cuando escribes una burrada te lo censuran en el acto y cuando el comentario es de gusto dudoso pasa a ser evaluado por los supertacañones del Bletchley Park de Boulogne).

Cuando has fracasado en Meetic, queda una segunda opción para encontrar pareja. Acudir a las pocas agencias matrimoniales “presenciales” que aún quedan en las grandes ciudades. Se supone que esas agencias buscan una mujer con un perfil semejante en su “cartera de clientes” y te la presentan en las oficinas de la agencia. Así te aseguras llegar a la primera cita, cosa que en Meetic es casi una quimera (mandé mensajes a más de 50 mujeres y a las pocas horas visitaban mi perfil pero nunca me contestaban; aplicando el criterio de la navaja de Ockham, supongo que verían tantísimos defectos en mi perfil, empezando por mi foto y mi estatura, que ni siquiera se molestaron en contestar). El problema es que el precio por poder llegar a la primera cita en una agencia presencial es muy caro: diez veces más que un pase trimestral en Meetic, cantidad que hay que pagar completa antes de la primera “presentación”. Los locales de este tipo están situados  en mugrientos entresuelos de fincas antiguas del centro de las ciudades y parecen el despacho cutre de un detective privado del cine negro americano. La agencia a la que me refiero la llamaré Ofiuco, nombre de una constelación a la que los frikis del milenarismo y la New Age quisieron convertir en decimotercer signo del Zodiaco. El problema con Ofiuco es que la mujer que me presentaron, después de haber pagado todo el dinero, más que tener un perfil semejante, tenía un perfil doble, como el programa doble de los antiguos cines de barrio. O sea, que pesaba el doble que yo. Y no fue una presentación; fue una auténtica encerrona. Cuando quedamos para conocernos, siguió una conducta errática, pues lo mismo interrumpía la conversación cada dos por tres para chatear con sus amigas como lanzaba indirectas del tipo "la próxima vez que quedemos iremos a tal sitio". Resulta que esa mujer, doña M., lleva ya años en la misma agencia y a pesar de tener un inmenso patrimonio (mucho más que mis dos modestas viviendas) no ha conseguido encontrar pareja. Así que al último hombre incauto que se apunta en Ofiuco, le intentan colocar a doña M. con cuchara sopera (es un aviso para navegantes no virtuales). Su "cartera de clientes" está tan vacía como la cartera de un sin techo. En mi caso, pude librarme, no son dificultad, de esas redes pero al precio de no tener ninguna presentación real más. Me pusieron en contacto telefónico con dos mujeres que por lo visto ya estaban hartas de la agencia, y ninguna quiso conocerme en persona, o sea que lo de llegar a la primera cita en una agencia presencial es para mí también una quimera.

En fin, estas son mis experiencias. Doce meses en Meetic y en Ofiuco.

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