LA ESTIMACIÓN DE TIEMPO EN LA EMT DE VALENCIA Y LA DESTRUCCIÓN DEL CONTINUO ESPACIO-TEMPORAL DE LA FÍSICA
Los artículos de El Pobrecito Hablador 2026
Con media Valencia en obras interminables y la otra media en Fallas, moverse por la ciudad en transporte público es una aventura digna de Indiana Jones. Además, parece ser que estas obras que no acaban nunca no van a servir para mucho (me recuerda a la canción de Barón Rojo que decía "Perforan la acera por cuarta vez o quinta ya (...) La rompen la cierran, mañana otra vez vuelta a empezar"). Se dice que el objetivo inicial de la obras, eliminar el túnel de Pérez Galdós no se va a cumplir. Del mismo modo, la ilusión de ver el Parc Central (Central Park a la valenciana) convertido en un inmenso jardín tampoco se va a cumplir porque el consistorio del PP parece que pretende utilizar el suelo público para aparcamientos, viviendas de lujo tuneadas de protección oficial para sus amiguetes y, por supuesto, cederlo para construir colegios concertados. Claro que si mandara la izquierda la cosa sería peor, porque tampoco harían zona verde sino que que utilizarían el suelo público para construir mezquitas, hacer un Museo del Clítoris y meter carriles bici incluso en aquellos lugares donde no hace ninguna falta y cuyo efecto colateral es limitar los carriles de coches y transporte público.
Porque los que usamos regularmente el transporte público nos sentimos completamente abandonados por un bando que solo apuesta por el automóvil (a poder ser grande y no eléctrico) y por otro que está obsesionado por los carriles bici y los malditos patinetes (un peatón en Valencia tiene más peligro con un patinete que con un coche, porque los patinetes van a toda virolla y no cumplen ninguna norma de tráfico). Los que usamos el transporte público somos como la tercera España de la movilidad urbana: nadie nos hace ni p*** caso.
Pero esta situación se complica porque los indicadores temporales por los que nos guiamos los usuarios de los autobuses de la EMT (es decir, las pantallas de las paradas y la app del móvil) no sirven para nada. Su visión del tiempo desafía todas las leyes del continuo espacio-temporal en la Física, convierten a los autobuses en una singularidad similar a los agujeros negros. Confiar en los indicadores temporales de la EMT es como participar en una paranoia que mezcla El juego del Calamar con el Gato de Schrödinger. Veamos algunos casos:
1. El tiempo backwards. Todos sabemos que el tiempo es una magnitud que se desplaza vectorialmente hacia el futuro, pero en la EMT de Valencia no lo tienen tan claro: es bastante habitual que cuando te indica que un autobús tarda 6 minutos, dos minutos después te indica que tarda 13. A mí me recuerda a esa escena épica de Superman, donde el superhéroe es capaz de volar alrededor del planeta Tierra y conseguir que esta efectúe una rotación inversa de 20 minutos, para ganar ese tiempo y así salvar de una muerte segura a su amada Lois Lane, como si fuera un Orfeo moderno.
2. El tiempo dilatado. Este fenómeno sin igual me recuerda a un episodio de la serie Cosmos donde Carl Sagan ejemplificaba con dos hermanos que si uno de ellos viajaba casi a la velocidad de la luz en una nave espacial, el tiempo pasaba más lento y volvía a la Tierra joven cuando su hermano ya había envejecido. Creo que el astrofísico Brian May trató un tema similar en su canción "´39". Trasladado a la realidad alternativa de la EMT consiste en que cuando ves en la app o en la pantalla de la marquesina que un autobús tarda 5 minutos, y vuelves a mirar 5 minutos después extrañado de que aún no llegue, resulta que el indicador marca que sigue tardando ¡5 minutos! Es cierto que los 5 minutos es un comodín de la EMT, porque al ser un lapso temporal intermedio, pueden jugar con él, como un cuarto árbitro que alarga el partido in aeternum. Normalmente, un minuto de la EMT dura 4 en el mundo de la Física real.
3. El tiempo divergente. Disponer de dos medios (pantalla de la marquesina y app de móvil) para comprobar lo que tarda un autobús puede parecer una ventaja, pero con la EMT de Valencia no lo es. En ocasiones un autobús tarda en la app 3 minutos y en la pantalla de la marquesina tarda 7 (¿tenemos que hacer la media aritmética?). A mí me recuerda a la anécdota que contaba el sociolingüista Martin Joos en su libro The Five Clocks, donde explicaba los diversos registros o variedades situacionales del lenguaje: un racionalista caballero inglés se extraña de que en una estación de tren en Irlanda haya cinco relojes que marcan horas distintas, y así se lo hace ver al Jefe de Estación, pero este le replica con lógica irlandesa: "Claro que marcan horas distintas; si marcaran la misma hora, para qué íbamos a necesitar cinco relojes".
4. El tiempo convergente o el misterio del autobús desaparecido. En algunas ocasiones compruebas que vienen dos autobuses de la misma línea, en especial el sufrido C3, con escasa diferencia, por ejemplo 4 y 7 minutos. Pero resulta que el que tarda menos no baja de minutaje (el tiempo dilatado que hemos visto antes) mientras que el que tardaba más sí reduce su guarismo hasta el punto de empatar en minutaje con el otro, por ejemplo 2 y 2. En la práctica esto significa que el autobús que tardaba menos no existía y finalmente se ha fusionado con el otro, pero al menos has gozado de varios minutos de vana ilusión seguidos de cabreo y de cierta preocupación por si Valencia se ha convertido en un nuevo Triángulo de las Bermudas donde cada día desaparecen autobuses públicos y surgen de la nada viviendas turísticas en antiguos bajos comerciales. Y si he hablado del sufrido C3 es porque en un mes ha cambiado la ubicación de una misma parada (Estacioneta de Jesús/Jefatura de Tráfico) 3 veces, dos por causa de las obras interminables y una porque han bloqueado su trayecto montando una carpa gigante de una falla. En las últimas semanas he visto personas deambulando sin rumbo, peregrinas al azar, como estuvieran salidas de un futuro postapocalíptico o de un holocausto nuclear, como si fueran yonquis o tuvieran algún tipo de demencia, como si estuvieran reconstruyendo penosamente el Bloomsday de Joyce, y tenías miedo cuando se te acercaban, pero tan solo deseaban saber dónde estaba la nueva parada del C3.
En fin, no sé si acudir a Cuarto Milenio o buscar respuestas de algún experto en Física.
P.D. Por cierto, el Ayuntamiento de Valencia ha colocado unos carteles luminosos que rezan "Velocidad es gravedad". Aparte de usar un castellano pedestre con dos sintagmas nominales a pelo, sin determinantes, que a primera vista parecen la forma de hablar de un futbolista yugoslavo pero que en realidad es una mala imitación del inglés (cuando el cartel está en valenciano, los resultados son aún más catastróficos), yo sigo sin entender el mensaje (no se sabe si refiere a la gravedad de la infracción o a la gravedad física, aunque por lo que hemos dicho antes parece que el Ayuntamiento de Valencia ha declarado la guerra a la Física) y, lo que es peor, me recuerda a aquellos eslóganes absurdos del Gobierno totalitario de Oceanía en 1984 de Orwell.